El uso de agentes químicos mortales
El mundo otra vez discute el peligroso empleo de sustancias cuyo poder destructivo no reside en la fuerza explosiva. Las propiedades tóxicas de estas armas las hacen temibles para la humanidad. La presunción de que el régimen de Bashar al-Assad está "gaseando" a opositores políticos, ha suscitado una crisis internacional de proporciones. Un grupo de países liderado por Estados Unidos, con el argumento de que allí un dictador está violando derechos humanos básicos, alienta la intervención militar en Siria.Rusia y un sector importante de la opinión pública, resisten esa alternativa, porque creen que sería un remedio peor que la enfermedad. Ahora las dos potencias han acordado un plan para que Siria ceda todas sus armas químicas, lo que por el momento aleja la intervención militar.La comunidad internacional firmó en 1997 una convención por la cual se prohíbe la proliferación de armas químicas y biológicas. La organización encargada de hacer respetar esa norma reside en La Haya, Holanda.La moderna guerra química comenzó durante la Primera Guerra Mundial. Gases como el lacrimógeno, el gas cloro y el fosgeno (irritantes de los pulmones) y el gas mostaza (que produce quemaduras), se utilizaron para romper el prolongado estancamiento de la guerra de trincheras.Los adelantos técnicos y el desarrollo del Napalm (compuesto de ácidos de nafta y palmíticos), una espesa gasolina que se adhiere a las superficies, condujo a un uso más amplio de armas flamígeras durante esa guerra.En el período de entreguerras se desarrollaron gases nerviosos como el sarín, que puede causar muerte o parálisis aplicado en pequeñas cantidades. A lo largo del siglo XX se utilizaron en diferentes oportunidades: Etiopía en 1936, durante la Segunda Guerra Mundial, en el conflicto Egipto-Yemen en 1963, en la Guerra de Vietnam.Varios compuestos químicos que alteran el metabolismo de las plantas y causan defoliación, como el agente naranja, se han utilizado en la guerra moderna en la jungla para reducir la cobertura del enemigo o privar a la población civil de las cosechas necesarias para su alimento.Tales agentes químicos, que se suelen lanzar desde el aire, pueden contaminar también el agua y los peces; su efecto a largo plazo sobre todo el ecosistema hace que resulten devastadores.En 1988 Irak utilizó armas químicas contra la población kurda en el norte de Irán. Y en 1995 una secta religiosa realizó un ataque con gas sarín en el metro de Tokio. Esto último precipitó que la comunidad internacional prohibiera estos elementos, dos años más tarde.Estas armas utilizan las propiedades tóxicas de sustancias para producir bajas, heridas o incapacidad en el enemigo. Las de tipo biológico están constituidas por organismos vivos.Ambas son diferentes de las armas convencionales o nucleares porque su poder de destrucción no reside en su fuerza explosiva sino en la terrible capacidad de contaminación de los agentes que las forman.El empleo de agentes biológicos como arma no es un concepto nuevo. En la antigüedad, persas y romanos buscaban contaminar fuentes de agua con animales muertos.En la guerra entre Inglaterra y Francia, en el actual territorio estadounidense, los ingleses regalaban mantas contaminadas por enfermos de viruela para diezmar tribus aborígenes aliadas del adversario.En Estados Unidos han acuñado contemporáneamente el término "bioterrorismo", que hace alusión a los posibles ataques terroristas utilizando material biológico.
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