El uso que el público hace de los medios
Todavía muchos creen que los medios de comunicación tienen el poder de manipular a la gente. Sin embargo, parece que los lectores de diarios, oyentes de radios y televidentes no se dejan usar fácilmente.Se cree que los medios tienen la capacidad de hacer lo que quieren con los receptores. La "teoría de la alienación" en efecto, postula que el público es bastante idiota: crédulo, se traga todo lo que le sirven.Según esta visión, los editores y periodistas de un medio de comunicación son todopoderosos. Ellos ejercerían la hegemonía del relato noticioso, frente a un público pasivo dispuesto a consumir sin más lo que le ofrecen.Si los medios pueden condicionar la conducta del receptor (concebido como un verdadero perro de Pavlov, que salivaba al oír una campana, aunque no estuviera allí la comida), da rédito político entonces tomar el control de los periódicos, radios, canales de televisión y demás.¿Pero la oferta noticiosa crea la demanda? ¿Es tal el poder de los medios que logran formatear la conciencia de las personas, generando en ellas control mental?El filósofo Tomás Abraham no cree que esto sea así. Frente a la concepción autocrática del emisor, que subestima la autonomía intelectual del público, propone pensar qué hace en realidad éste con los medios."Todavía los ideólogos del control total no se dan cuenta de que el pequeño hombre que abre un diario o enciende un aparato no es un feligrés sino un ser reactivo que disfruta de la noticia", sostiene.Según Abraham el vínculo que tienen con los medios los lectores de diarios, los oyentes de radio y los televidentes se basa fundamentalmente en la pereza."Nos distendemos con la actualidad -acota-. Nos hace compañía cuando nos afeitamos, durante el desayuno, en la mesa familiar, cuando cenamos, en los intervalos del trabajo, en los viajes en colectivo. Nos informamos y a la vez nos distraemos".Por otra parte, los estudios empíricos que ahondan en la relación entre medios de comunicación y público sostienen que va en aumento la pérdida de poder de los emisores, en términos de decidir qué es importante y qué es interesante, al tiempo que los públicos se muestran mucho más activos en sus preferencias.La "brecha" abierta entre los dos términos de la relación comunicativa pone seriamente en cuestión al periodismo como oficio y a los medios que, como los diarios en Argentina, consideran que tienen la capacidad de fijar la "agenda" informativa.Según estudios realizados con lectores de diarios online, las noticias más leídas son las más livianas. Es decir, a pesar de lo que piensan los editores, ese público prioriza cada vez más los temas frívolos por sobre los "importantes", como los relacionados con política y economía.Los investigadores creen que los medios están teniendo dificultades para fijar masivamente la agenda de los temas importantes, al tiempo que la tecnología permite a los lectores ingresar a las noticias por diversas vías.La gente opta por los contenidos más livianos, que les permiten tener algo de qué hablar con sus amigos y familiares, dejando de lado -salvo en situaciones excepcionales- los artículos de política o economía, los asuntos públicos que tanto les preocupan a los periodistas.La politóloga Eugenia Mitchelstein y el comunicador Pablo Boczkowski, que han estudiado el fenómeno, sugieren que los medios siguen fijando una agenda informativa para la elite, pero el resto del público va para otro lado.Según su opinión, esto es riesgoso para la formación de ciudadanía.
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