El vacío de la protesta, un ingrediente clave para conservar el poder en el país
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En el defecto ajeno puede estar la salvación. En la ausencia de presencia puede estar la salvación. En la carencia de proyectos comunes puede estar la salvación. Al cabo, en la falta de alternativas puede estar la salvación.Jorge BarroetaveñaPero eso, claro, es responsabilidad de otros, nunca de uno mismo. Aquí está el dilema que atormenta a todos, oficialistas y opositores.Cuando usted esté leyendo estas líneas se estará cerrando la semana política más convulsionada de los últimos tiempos. No sólo por las denuncias televisivas y sus secuelas sino por la tercera marcha multitudinaria que los disconformes hicieron en todo el país. En esta historia reciente de tironeos entre el gobierno y el Grupo Clarín nada es inocente ni puede leerse linealmente. ¿Quién podía ignorar el impacto que tendría en la opinión pública el informe de Lanata el domingo pasado? Ese hilo invisible que intenta comparar a Lázaro Báez con Alfredo Yabrán fue la fuente que alimentó todas las especulaciones. ¿Es Báez el Yabrán de los Kirchner? Si lo es desde los negocios la justicia deberá comprobarlo, pero si lo es desde la opinión pública hay parecidos inquietantes.Al impacto oficial del testimonio del 'valijero' y el 'financista' le siguió sólo la perplejidad oficial. Cuando las horas decantaron el impacto, apareció la primera estrategia: llevar la polémica al terreno de los programas de espectáculos, como si la presencia de los maridos de famosas alcanzara para tapar el escándalo, o al menos para morigerarlo.La movida resultó equivocada porque sirvió para 'popularizar' el entuerto llevándolo a sectores sociales reacios a darle bolilla a estos temas. El escándalo del jarrón de Guillermo Cóppola no terminó en los sets de tele de Mauro Viale, sino en tribunales con la destitución de todo un juzgado y la condena eterna para el magistrado Hernán Bernasconi.La masividad potenció la protesta del 18A, y el principal reclamo se instaló, 'milagrosamente' en cuestiones institucionales vinculadas a la reforma del Poder Judicial y los escándalos de corrupción. Otro punto de contacto con el final del gobierno del ex Presidente Carlos Menem, cuando no sólo la economía formaba parte del escenario sino también las demandas vinculadas a una mejor calidad institucional y la inocultable corrupción menemista.No hay gobierno que pueda ignorar tres marchas masivas en un año escaso. Sería un error pensar en el 54% como una fotografía. La movilidad de las expectativas sociales es bastante más que eso y cambia más rápido de lo que uno piensa. El kirchnerismo se asienta sobre el núcleo duro e histórico del peronismo que ronda el 35% de la masa electoral. Y aquella victoria del 2011, se cimentó, en una buena porción de clase media que decidió premiar los años de kirchnerismo con más kirchnerismo en el poder.Que no pase inadvertidoEn todas las marchas del jueves fue mucho más potente el reclamo en contra de la corrupción y preservación de la Constitución Nacional que la inflación o la inseguridad, ítems que habían dominado las protestas anteriores. Este matiz en el malestar de ese sector social, no debería pasar inadvertido. ¿Cuál es la respuesta que dará el gobierno? Se insinuó antes, durante y después: no habrá grandes cambios. Quizás algún maquillaje puntual para disimular alguna de las falencias. La Presidenta voló a Venezuela y se comunicó por Twitter con sus seguidores ignorando la protesta.Los pocos voceros que opinaron optaron por la mesura, aprendiendo de las reacciones extemporáneas de las marchas anteriores que los dejaron mal parados, y que poco contribuyeron a calmar los ánimos. Para las usinas de poder del gobierno no hay secretos: los que marcharon representan otro modelo, otro país, y es responsabilidad de la oposición darles una alternativa. La conclusión es correcta pero riesgosa porque divide a la Argentina y cierra la posibilidad de volver a sumar a un sector social que antes los apoyó.El argumento pues, llevado a un extremo, puede servir para darle sustento a una victoria en octubre. Se trata de prenderle una vela a cada santo para que la hasta ahora paupérrima oposición argentina, no encuentre caminos comunes y divida a los que no quieren votar al oficialismo.Pero sería una victoria inútil para asegurar la permanencia en el poder y la última chance de reforma de la constitución. La Casa Rosada necesita trepar bien por encima del 40% para instalar la reforma y dejar alguna puerta abierta y sin esos sectores sociales que lo apoyaron antes le será una quimera poder conseguirlo.Clase mediaHoy, más del 50% de la sociedad argentina es o se considera a sí misma clase media. Y ese mérito, en los últimos 10 años le corresponde al gobierno. ¿Qué sentido tiene entonces enemistarse con una parte de la sociedad que, no sólo ha sido el motor de la economía en los últimos años, sino que ha demostrado su apoyo al 'modelo' en los momentos cruciales, cuando el poder en serio estaba en juego?¿Tiene sentido marcar una línea entre los réprobos y militantes, justo ahora que las papas queman? Radicalizar implica inflexibilidad y las necesidades oficiales parecen ir en otro sentido. Las reformas en la justicia no llegaron en un buen momento y son un arma de doble filo. Lo que hoy me favorece, mañana bien podría perjudicarme quedando a merced de los caprichos del gobierno de turno. Y la justicia es un valor que excede a las coyunturas.La suerte de las elecciones de este año está en manos de Scioli, De la Sota, Macri, Massa, Solanas, Carrió, los radicales y los socialistas, y nada de ellos huele a kirchnerismo en estado puro.
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