Editorial | El Clima

El valor ecológico y el significado mítico del árbol

El árbol, cuyo día mundial se celebra hoy, tiene un valor incalculable desde el punto de vista ambiental. De hecho para el hombre antiguo era algo que trascendía el mundo vegetal y era venerado por su sacralidad.

La degradación del planeta ha conducido a revalorizar la importancia de estos héroes verdes que contribuyen a disminuir la contaminación ambiental, a moderar el clima, a proteger el suelo y son esenciales para lograr un desarrollo sostenible, siendo imprescindibles para la vida en la Tierra.

En el año 1840 Suecia fue el primer país que celebró el Día del Árbol, para generar conciencia sobre la importancia de los recursos forestales. Ahora en muchos países se celebra el Día Mundial del Árbol cada 28 de junio.

Un efecto inconfundible del proceso civilizatorio es la perdida de vegetación. Cuanto más aumenta la población humana, y más se extiende su estilo de vida citadino, más disminuye la cuenta de árboles.

Los bosques, que constituyen un reservorio vital de carbono, ocupan grandes extensiones que alcanzan el 28,5% de las tierras, a excepción de la Antártida y Groelandia.

La mitad de los bosques en el mundo están ubicados en los trópicos y el resto en zonas templadas y boreales. Europa y América del Sur tienen la mayor superficie forestal, seguidos de América del Norte y África.

Se calcula que la deforestación de bosques, selvas y montes produce un 15% de emisión de CO2 anual en todo el mundo, superando a la generada por vehículos, barcos y otros medios de transporte.

La actual civilización se ha mostrado particularmente destructiva con los árboles, pese a que se sabe que la deforestación sin control explica en gran medida el desbarajuste ecológico, al quedar afectado el ciclo del carbono.

Se sabe, además, que al tumbar un bosque o monte los organismos que allí viven quedan sin hogar. En muchos casos los animales, las plantas y otros seres vivos muren o tienen que migrar. Es decir, destruir grupos de árboles significa acabar con muchas especies que viven en él.

Se pierde de vista que la agresión hacia esta especie es disonante con el hecho de que el árbol cuenta con una larga tradición mítica, religiosa y simbólica, que se remonta a las más primitivas culturas.

El antropólogo Milcea Eliade ha comprobado que árboles sagrados se encuentran en todas las religiones, en las metafísicas y las místicas arcaicas y en las tradiciones populares del mundo entero.

El pensamiento humano, desde los tiempos más remotos, ha visto en estos seres del reino vegetal una síntesis del cosmos que se regenera incesantemente, y como vida inagotable representa en muchos casos la inmortalidad.

Además, la vida inagotable, la “vida sin muerte”, en la ontología arcaica traduce la idea de realidad absoluta, y, por tanto, el árbol se convierte en símbolo de esa realidad última.

Según Eliade, son innumerables los mitos y leyendas en los que interviene un árbol sagrado o cósmico, una columna que sostiene al mundo, un Árbol de la Vida que confiere la inmortalidad al que come sus frutos, y en todas esas tradiciones aparece el simbolismo del “centro”.

Los árboles ocupan un lugar destacado tanto en la Biblia como en el Corán. Las referencias arbóreas en estos libros sagrados son reflejo del lugar que les correspondía en las culturas de milenios pretéritos. Pero sobre todo su significación está basada en la percepción de esta planta como símbolo de la vida dada por el Creador.

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