El vino y la sal
Tienen su historia en la vida del hombre e influyen en su salud, lo bueno es saber consumirlos con criterio. Por Abel Lemiñ[email protected] El vino en sí mismo no es malo, no es perjudicial, sí lo es su consumo en exceso, su transformación en hábito y en su máximo exponente nocivo, el alcoholismo, o sea su adicción. La historia relata que el vino acompaña al hombre desde hace siglos, fue saboreado por distintas culturas, acompañando la cena familiar, un festejo, un buen asado, un brindis, lo que demuestra que por sí no perjudica, sino que lo peligroso es lo que hacemos nosotros con él y de él.Me refiero al riesgo de beber más de la cuenta y en su enfoque cuasi teológico adorando al dios Baco; claro ejemplo fueron las fiestas bacanales romanas donde esta bebida ayudó a la caída del Imperio.La Roma Antigua, la que fue centro del poder, que fue capaz de pensar en la salud pública creando las primeras cloacas, pero a la vez destruyendo lo sanitario con sus orgías devastadoras donde el vino fue más fuerte que los gladiadores.Por otro lado la sal, mineral hiperconsumido, en su fórmula alimentaria de cloruro de sodio, también tiene su propia historia, antes muy cotizada, tanto que alguna vez fue el pago a los trabajadores, de allí el término salario. Así es, “salario” deriva del latín salarium, que significa pago de sal o por sal.En dosis pequeña, digamos normales, no suele traer problemas, pero como tiene por característica atraer los líquidos, tiende a retenerlo en el cuerpo, aumentando la presión arterial, por lo tanto, cuanto menos sal se consuma será mejor la salud de nuestras arterias y por ende la de todo el organismo.Algunos especialistas aconsejan no agregar nada de sal a las comidas. Es cuestión de acostumbrar al paladar, pero como estamos acostumbrados a salar las cosas desde la niñez, entonces es lógico que cueste mucho modificar ese hábito.Tal vez lo correcto sea tomar como norma filosófica y fisiológica, la frase del cantautor Alberto Cortéz “Ni poco ni demasiado, todo es cuestión de medida”.Si somos moderados, el vino no nos llevará a la adicción ni a la cirrosis, o sea, no nos esclavizará y se podrá seguir disfrutando de él sin que se transforme en enemigo.Con respecto a la sal, de a poco conviene ir cambiando por otras sales sin sodio, o con menor contenido, o incluso crear sabores con limón, orégano u otras especias, para que el paladar vaya aceptando el cambio.Parecen inofensivos, pero la salud puede claudicar por su consumo inadecuado, provocando todo lo nefasto que acarrea el alcoholismo y con la sal que facilita la hipertensión arterial que es uno de los peores enemigos de nuestro organismo.La sal y el vino, dos elementos simples que pueden ser sabor y placer o sufrimiento, que pueden ser moderados compañeros de mesa o rivales de las arterias, del corazón y del cerebro. Antes se pagaba con sal, pero no podemos pagar la sal con el alto precio del perjuicio cardiovascular y no dejemos caer el imperio de nuestra salud y de la familia bajo los efluvios de Baco.Después de todo, me quedo con la frase “ni poco ni demasiado...” ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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