Ellos nos guían para encontrar a Jesús
Cuando una persona tropieza y se cae en la vereda, casi espontáneamente varios se acercan para ayudarle a levantarse; o si alguien pasa en auto y nos pregunta por alguna calle en particular, tratamos de indicarle el camino. Monseñor Jorge Eduardo Lozano* Estas situaciones nos pueden suceder de vez en cuando. Pero también hay personas que ayudan a otros de manera permanente como una vocación, entre los cuales están los catequistas. Ellos dedican gran parte de su tiempo a mostrar el camino, a ayudar a encontrar el rumbo para el encuentro con Jesús.En el Mensaje Final del Sínodo de los obispos del año pasado, se dice que "la obra de la nueva evangelización consiste en proponer de nuevo al corazón y a la mente, no pocas veces distraídos y confusos, de los hombres y mujeres de nuestro tiempo y, sobre todo a nosotros mismos, la belleza y la novedad perenne del encuentro con Cristo". (MF 3)Ellos son varones o mujeres, jóvenes o más grandes, que con pasión y generosidad se dedican a compartir el hermoso tesoro de la fe."Es nuestra tarea hoy el hacer accesible esta experiencia de Iglesia y multiplicar, por tanto, los pozos a los cuales invitar a los hombres y mujeres sedientos y posibilitar su encuentro con Jesús, ofrecer oasis en los desiertos de la vida. De esto son responsables las comunidades cristianas y, en ellas, cada discípulo del Señor" (MF 3). Y es así. Ellos asumen por encargo de la comunidad lo que es responsabilidad de todos.Aclaremos algo. No son los catequistas quienes transmiten la fe, sino la Iglesia. Ellos son delegados por nosotros, con-vocados por nosotros para ser co-responsables en la misión que el mismo Jesús encargó a sus discípulos. Pero no tercerizamos la tarea y nos despreocupamos o desentendemos. Quienes son catequistas necesitan de nuestro compromiso y oración. Todos los que realizan algún tipo de servicio en la comunidad cristiana deben recibir nuestra gratitud y estímulo.Comunicamos un mensaje que de algún modo no nos pertenece. Somos enviados a anunciar la cercanía de Dios y a reconocer junto a otros el camino que lleva al encuentro con Cristo vivo. No son solo palabras para decir, sino experiencias que relatar y contar. De eso hablamos; de lo que hemos recibido en la comunidad cristiana, en la Iglesia. Como expresa la primera Carta de San Juan, "lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos" (I Jn 1,1).Es cierto que además experimentamos que somos débiles, y no siempre estamos con todas las luces. También reconocemos que no siempre tenemos la palabra adecuada. Por eso nos reconocemos necesitados de la gracia del Señor. Muchas veces se ha confundido la catequesis con una serie de contenidos a aprender o de ritos a realizar. Reducirla solo a esto es perder la riqueza que tiene el introducir a los demás en la vida comunitaria de la Iglesia.Pero hay también una catequesis que llamamos "permanente", ya que durante toda la vida necesitamos seguir acercándonos a Jesús y asimilando su Palabra. Nunca nos recibimos de "cristianos" o "discípulos diplomados". Cada día somos llamados a crecer como discípulos misioneros. Los desafíos Como catequistas afrontamos varios desafíos. Los vínculos familiares, las nuevas tecnologías y sus lenguajes, el individualismo. Cada generación nos plantea interrogantes, dificultades y oportunidades que nos mueven a buscar con creatividad caminos de comunicación de la fe arraigados con fidelidad a la Palabra salvadora.El Papa Francisco, gran catequista, nos conmueve porque habla con claridad y realiza gestos que son elocuentes. Aprendamos de su ejemplo y su palabra. Cuando era Arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Bergoglio le habló a los catequistas en el marco del EAC*: "No tenemos derecho a quedarnos acariciándonos el alma. A quedarnos encerrados en nuestra cosita... chiquitita. (...) Tenemos que salir a contar que, desde hace dos mil años, hubo un hombre que quiso reeditar el paraíso terrenal, y vino para eso. Para rearmonizar las cosas. Y se lo tenemos que decir a 'Doña Rosa', (...), a los chicos, se lo tenemos que decir a aquellos que pierden toda ilusión y a aquellos para los que todo es 'pálida', todo es música de tango, todo es cambalache". (11 de marzo del 2000)El próximo miércoles 21 de agosto es el día del Catequista. Recemos por ellos que tanto bien hacen en la Iglesia.Hoy celebramos en la Argentina el día del niño. Tengamos en nuestro corazón especialmente a los que más sufren a causa de la pobreza, la violencia hogareña, la enfermedad. Los niños son nuestro presente y futuro.Durante este fin de semana, además, se está desarrollando en Catamarca el Congreso Misionero Nacional, que nos ayuda a renovarnos en la alegría de comunicar por todos lados el amor de Dios. *Encuentro Arquidiocesano de Catequistas, Buenos Aires.Obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
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