Elogio de la amistad en tiempos líquidos
En la modernidad líquida, en la ultrafluidez de la historia, en que los contactos humanos parecen haber perdido la densidad de otro tiempo, la amistad se revela como un valor permanente. "¿Es demasiado tener 5.001 amigos en Facebook?", se preguntaba no hace mucho Aime Lee Ball, periodista del The New York Times, planteándose si a los múltiples contactos en las redes sociales se los puede llamar propiamente amigos.¿Qué es esto de sumar "amigos" por miles? La conectividad de Internet parece, en efecto, estar pregonando una especie de amistad indiscriminada, sugiriendo que la clave está en la cantidad.¿Pero ser amigo de alguien acaso no supone una relación profunda e intensa, casi excepcional, y por tanto todo lo contrario de la extensión y de la acumulación?Es difícil determinar con cuántas personas puede uno llegar a mantener una relación interpersonal lo suficientemente intensa y profunda para que entre en la categoría de amistad.Como sea, los hombres de todos los tiempos han elogiado la condición de la amistad, como algo que hace a la felicidad humana. Aparecen elogios y homenajes en textos clásicos de la humanidad (como la Biblia, por ejemplo).Hombres religiosos, filósofos, poetas y escritores, provenientes de distintas culturas, han celebrado la amistad como una necesidad absoluta del ser humano, como una condición esencial para su existencia.El filosofo Aristóteles, por ejemplo, dedica los libros VIII y IX de la 'Ética a Nicómaco' al estudio de la amistad. "Es la cosa más necesaria de la vida -dice allí- ya que nadie, aunque tuviese todos los bienes restantes, elegiría vivir sin amigos".Ni los poderosos pueden prescindir de ellos, dice el filósofo: "Incluso los ricos y las personas poseedoras de mando y dignidad parecen tener necesidad de amigos, y más que todos".En realidad, dice, "los amigos se necesitan en la prosperidad y en el infortunio, puesto que el desgraciado necesita bienhechores, y el afortunado personas a quienes hacer bien. Es absurdo hacer al hombre dichoso solitario, porque nadie querría poseer todas las cosas a condición de estar sólo. Por tanto, el hombre feliz necesita amigos".Aristóteles señala que la amistad no solo es algo necesario, "sino algo hermoso". De esta manera, "alabamos a los que cultivan la amistad, y la copia de amigos pasa por ser una de las bellas cosas que existen".El filósofo Epicuro (341 a 270 a.C.), en tanto, sentencia: "De todos los medios de los que se arma la sabiduría para alcanzar la dicha en la vida, el más importante con mucho es la amistad".Al igual que Epicuro, el francés Michel de Montaigne concibe la amistad como un ingrediente esencial de la felicidad. "Pues no puede comprarse fácilmente la dulzura de una adecuada y agradable compañía. ¡Oh, un amigo! ¡Cuán cierta es esta antigua frase de que su uso es más necesaria y dulce que el de los elementos del agua y del fuego!".Jesús de Nazaret, que vivió a comienzos del siglo I en las regiones de Galilea y Judea, y predicó el amor entre los hombres, instaurándolo como mandamiento entre sus discípulos y seguidores, señaló que "no hay amor más grande que dar la vida por los amigos". La amistad, en suma, es un valor universal, tan vigente en el pasado como en el presente, y sobre él se funda la posibilidad de una ética de confraternidad. Tener amigos es una necesidad y una dicha, sobre todo en tiempos donde, como hoy, las relaciones humanas están marcadas por la fluidez y donde nada parece ser para siempre.
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