En educación, todo sigue igual
Termina otro ciclo escolar incumpliendo el famoso calendario de 180 días de clases, que en Argentina parece una utopía inalcanzable. En tanto, continúa el rezago en el ranking educativo internacional.El desempeño entrerriano en 2009 deja mucho que desear. El cierre del ciclo educativo luce decepcionante. A la perdida de quince días de clases por la gripe A, se suman otros 19 por huelgas docentes.¿Cuánto aprendieron nuestros gurises en la escuela? ¿Acaso pudieron recuperar los días perdidos por la pandemia y las huelgas? ¿Estamos mejor, igual o peor que otros años?Por lo pronto, hace poco nos enteramos que Entre Ríos viene perdiendo ubicaciones respecto del resto de las provincias argentinas, en cuanto a rendimiento escolar.Eso arroja el Operativo Nacional de Evaluación (ONE) que el Ministerio de Educación realizó en 2007. Con respecto a mediciones anteriores, Entre Ríos se desmorona: baja del 5° al 12° lugar.Es junto a Buenos Aires el distrito que más cayó. Según el informe oficial, San Luis ha tenido un derrotero inverso al entrerriano: pasó del puesto 20° al 4° en diez años. Es decir, la provincia puntana ha experimentado una tendencia ascendente en materia educativa.La escuela entrerriana, en tanto, refleja en su seno la degradación social de la Provincia. El 40% de la matrícula asiste a los comedores escolares. Son chicos que de otro modo no podrían alimentarse.Mientras tanto, se anuncian nuevos cambios para la secundaria. Dicen que es para frenar la deserción, que supera el 50% en el país. No debe haber un sector de la vida argentina que sufra tantos cambios como el educativo.Los gobiernos se solazan introduciéndolos, al calor de las nuevas modas pedagógicas. Frenéticas reformas -todas ellas bastantes costosas- se suceden con promesas de mejoras.Corolario: todo sigue igual o peor. En Entre Ríos, se anuncia para el año entrante una nueva estructuración de la escuela media. Al parecer hay una tendencia a reducir los títulos que otorga el ciclo.Es curioso: en el sistema educativo cambia, todo cambia, pero persiste un cuadro inmodificable de oferta de baja calidad, inequidad, desinterés, frustración y abandono.Debajo del frenesí reformista -que de paso alimenta una frondosa burocracia- lo que persiste es la decadencia. El rezago de la Argentina en el ranking educativo es expresión de ese estado de cosas.Los últimos estudios internacionales que evalúan, por ejemplo, el rendimiento de estudiantes secundarios, en los exámenes de ciencias, indican que más de la mitad de los argentinos se encuentra en las dos categorías más bajas, detrás de brasileños y chilenos.En los exámenes de lectura, los argentinos tuvieron un fuerte retroceso en relación al resto. Emparentado con esto, en la Argentina la participación de las carreras de ciencia y técnica, claves para el desarrollo del país, es muy reducida en relación, por ejemplo, con otros países.Mientras tanto, las autoridades educativas imaginan medidas para tratar de retener la matrícula, por ejemplo en el caso de la secundaria. De lo que se trata, de última, es de lograr que los alumnos no abandonen el sistema.Con ese propósito, han trascendido propuestas que alivian la estada de los estudiantes en los colegios (pueden llevar más materias libres y habrá más laxitud en materia disciplinaria).Ya se sabe que la riqueza de las naciones no se debe al cúmulo de recursos naturales -como tiene Argentina-. Japón e Israel carecen de recursos naturales y ascendieron a los más altos niveles de progreso.El secreto: la riqueza de estos dos países proviene de la apuesta a la educación y a la investigación. En Argentina, al parecer, no se ha comprendido cabalmente esta lección.
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