¿En el interior la vida es más cara?
Los provincianos, para graficar su queja ante el centralismo porteño, aseguran que "Dios es argentino, pero atiende en Buenos Aires". ¿La frase es verdadera en todos los planos?Hay razones para sospechar, por ejemplo, que aquí en el interior el costo de vida es superior al de Capital y el Gran Buenos Aires, producto de las grandes e históricas diferencias económicas entre ambas regiones.El costo de la tarifa eléctrica es la mejor prueba de esa brecha. Estudios revelan que en el interior se paga facturas más caras. Un usuario entrerriano abona 6 veces más que uno de Buenos Aires.Así se desprende de un artículo de Fortuna Web, donde se dice que más de dos millones de hogares del área metropolitana pagan menos de 30 pesos mensuales por la energía que toman de la red.En Entre Ríos, el mismo usuario promedio (de 3.000 kilowatt/hora, paga alrededor de 180 pesos por mes de electricidad, es decir seis veces más. Esta disparidad, con algunas diferencias de precios, se reproduce en el resto el país.Lo concreto es que hay una brecha que favorece claramente a los consumidores de Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Eso ocurre con la energía eléctrica, el transporte y los combustibles.Los analistas dicen que en los últimos años se agrandaron las diferencias entre lo que se paga en el área metropolitana y en el interior del país por los mismos bienes y servicios.Pero según un reporte del diario 'La Nación', de 2015, firmado por Alfredo Sainz, esas diferencias no indican necesariamente que las provincias salgan siempre castigadas.Los subsidios discrecionales en los servicios públicos, que favorecen a los habitantes de la Capital y el conurbano, actúan como contrapartida de mayores gastos en cuanto a alimentos, vivienda y algunos servicios privados (como el colegio o salir a comer).Históricamente los precios de las propiedades estuvieron en Buenos Aires por encima del resto del país. En cuanto a los servicios privados, el factor que explicaría los precios más bajos del interior es la mano de obra (más informalidad).En el caso de los productos de la canasta básica, las distorsiones de precios tienen un impacto menos parejo. Mientras los porteños generalmente acceden a productos envasados a valores más bajos, algunos alimentos frescos son más baratos en el interior.En cuanto al transporte público, si bien el precio es más bajo en Capital y Gran Buenos Aires, también es cierto que en el interior se usa menos, porque sus habitantes no tiene que recorrer grandes distancias (por ejemplo para ir a trabajar).Pero tampoco hay que perder de vista que los salarios que se pagan en una y otra geografía no son los mismos y están directamente relacionados con el entramado productivo.Por ejemplo, la región patagónica y la Ciudad de Buenos Aires presentan los mayores niveles salariales, dado que gran parte de sus economías se encuentran ligadas a los sectores hidrocarburífero y de servicios financieros, respectivamente. Por otro lado, si bien en Santa Cruz, Chubut o Neuquén los sueldos son altos, lo es también el costo de vida (todo es más caro por la distancia). Como sea, y más allá del factor costo de vida, todo indica que la antinomia interior-Buenos Aires subsiste, a partir de las grandes diferencias económicas que existen entre ambas regiones. Es un dato para destacar, al respecto, que en la superficie integrada por Capital y conurbano, que equivale al 0,15% de la total del país, resida el 32% de los habitantes y se concentre más del 45% del valor de la producción nacional.
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