En el país del camión, el tren es testimonial
Es una de las paradojas de Argentina: su dilatada geografía aconseja una moderna y extendida red ferroviaria. Pero aquí el camión domina sobre todo el tráfico de mercadería. El dato es que el 90% de la producción argentina se traslada en camiones y apenas el 5% se transporta por vía férrea. La pregunta es: ¿resulta indistinto la adopción de un modelo u otro?No desde el punto de vista económico: el camión cuesta socialmente más caro. Un estudio reciente de la Asociación Latinoamericana de Ferrocarriles estimó que por cada punto porcentual del transporte de carga que se transfiere del camión hacia el tren, la sociedad ahorra 70 millones de dólares anuales.El hoy influyente titular de la UIA, José de Mendiguren, durante la última cena anual de esa cámara, estimó que al menos el 25% del total de la futura producción granaria del país (que para el año 2020 está proyectada en 160 mil toneladas) debería ser transportada en tren.Conclusión: los trenes están lejos del desafío productivo. Y varios estudios indican que su potencial operativo se desvanece por la precariedad de las vías, y no hay material rodante -locomotoras y vagones- para la creciente demanda exportadora.Pero hay un costo inquietante inherente a la hegemonía del camión: los accidentes viales. El dato es que en uno de cada tres accidentes fatales en ruta está involucrado el camión.La red vial argentina es de 239.677 kilómetros, incluyendo rutas nacionales y provinciales. Las transitan unos 10 millones de vehículos, y cada año se suman no menos de 30 mil camiones, los principales factores de riesgo de un trazado que ha quedado obsoleto.En efecto, del total de la red vial, sólo están pavimentados 76.039 kilómetros (31,72%), es decir menos de un tercio del recorrido. El resto es de ripio o de tierra.El 38% de los accidentes ocurre por invasión del carril opuesto, según el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI). De ahí que en las autopistas, sólo ocurre el 9% de los accidentes que cuestan vidas.Los analistas coinciden en que el aumento del tráfico de camiones en los últimos años es notable gracias al crecimiento de la economía. Pero a eso lo acompañó la parálisis o destrucción del sistema ferroviario nacional, y las moras en la construcción de autopistas o rutas de resistencia.Por tanto, toda la carga de mercadería y pasajeros pasó a las rutas. La saturación del transporte automotor es evidente. Las rutas no aguantan tanta carga. Se calcula que hoy el 12% de los vehículos que circulan por las rutas son pesados.En su última película "La próxima estación", el cineasta y político Pino Solanas denunció al lobby automotor (autos, camiones y petróleo) como el primer factor de presión contra el ferrocarril.En su opinión, aquí reside también el poder del sindicato de los camioneros cuyo líder, Hugo Moyano, es el secretario general de la CGT. "El poder de los camioneros es monumental. Pueden parar un país que llegó a ejecutar una medida tan demencial y perversa como la supresión del 80% de los ferrocarriles", dijo.Solanas se refirió así al gobierno peronista de Carlos Menem, durante la década de los '90, en que el servicio se privatizó (aduciendo que era deficitario) produciendo su virtual desmantelamiento.Los crecientes costos del transporte por carretera, la cantidad de accidentes en rutas, los altos fletes aéreos, la extensa geografía argentina, y el crecimiento de la economía, hacen que la reconstrucción de la red ferroviaria sea una apuesta inteligente.
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