En la Argentina hay pobres pero mejor no los contemos
Mientras el diálogo político naufraga por el mar de la intrascendencia y está a punto de irse a pique, los pobres han vuelto al centro de la escena. Reivindicados por todos pero usados por muchos, ya no se pueden seguir ocultando debajo de la alfombra. La Argentina hoy, después de años de crecimiento vertiginoso, ha hecho poco para disminuir la desigualdad social.
Por Jorge Barroetaveña
EspecialFiel a su estilo de ignorar o esquivar los debates, la Presidente de la Nación optó el viernes por hablar de 'inequidad social' antes que de pobreza. De pedir un padrón de ricos antes que andar contando a los pobres. Y de acusar a los medios de 'fusilamientos mediáticos', en su habitual enojo contra el Grupo Clarín, extensivo a todo el espinel de la comunicación.La primera mandataria no admite la importancia de los números. Si no sabemos cuántos pobres hay en la Argentina, ¿cómo se pueden llevar adelante políticas sociales transparentes y eficaces? 'Da lo mismo 15, 20 ó 30', dijo con desparpajo. El detalle es que, el acto, fue organizado para anunciar la creación de 100.000 empleos a través de cooperativas. Si no fueron tan necesarios y los números no indicaron un crecimiento alarmante de la pobreza, ¿para qué lo hizo?Los números, a veces son molestos e incómodos. Retomando una línea argumental que ya utilizó en el conflicto con el campo, Cristina volvió a fogonear las divisiones entre ricos y pobres. Habría que preguntarse en qué lugar se ubica ella que, según la declaración jurada de su marido, posee una fortuna de 15 millones de dólares. De todas maneras, el fondo del debate debería pasar por otro lado. Desde el 2.002 son pocas las políticas sociales que han cambiado. Salvo pequeñas modificaciones y la aparición del Plan Familias, estos métodos sirvieron para aquella coyuntura pero han demostrado ser ineficaces para combatir la pobreza. En la oposición, independientemente de cuestiones ideológicas, existe amplio consenso para impulsar un ingreso universal por hijo. La Presidenta en cambio, relativizó la propuesta arguyendo el costo fiscal que implicaría. Si se avanza en esta solución para combatir la pobreza estructural, no sólo se habrá dado un gran paso para igualar el punto de partida de los sectores más desprotegidos sino que se le asestará un golpe casi mortal al clientelismo político. ¿Será por eso la negativa?El enfrentamiento entre el gobierno y el Grupo Clarín tiene su propia historia. Ha habido idas y vueltas, marchas y contra marchas, desde la autorización para la fusión entre Multicanal y Cablevisión hasta el impulso de la nueva Ley de Radiodifusión. Frente a esto, la decisión de la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) de rescindir el contrato para la televisación del fútbol, debería correr por su cuenta. De ellos debería depender asumir las consecuencias de romper un contrato millonario y la reorganización de un fútbol deficitario y poco transparente. Lo inadmisible es la intromisión del estado, cimentada en el conflicto de intereses entre los Kirchner y un grupo multimediático. Es inconcebible que el estado ponga un solo peso para los derechos de televisación del fútbol. La Argentina no es Inglaterra, Francia o Alemania que bien podrían darse el lujo de hacerlo pero no lo hacen. El fútbol no será gratis si el estado pone plata para poseer los derechos de televisión. Lo peor es que lo pagarán cada uno de los 40 millones de habitantes en un país que tiene el 30% de pobres. El gobierno, obnubilado por pasarle facturas al Grupo Clarín, decidió pegar donde más duele y mejor se maneja: la caja. El resto de la sociedad, como en tantas ocasiones, ha quedado como rehén.Los gritos de Agustín Rossi resonaron en el recinto de la Cámara de Diputados. Fueron acompañados del aplauso de la barra oficialista y el abucheo de los pocos productores agropecuarios que pudieron acceder hasta las gradas. Por 136 votos contra 100, el gobierno consiguió una prórroga por un año de las facultades extraordinarias, haciendo aprobar casi sin chistar lo que había pedido. El mensaje oficial, fue siempre claro. Si esto no se aprueba ponen el riesgo la gobernabilidad y van a tener que hacerse cargo.Ahora queda la prueba del Senado que luce, a priori, algo más complicada. Para la oposición esta batalla recién comienza. Al cabo, los radicales todavía se relamen las heridas de una convocatoria al diálogo fallida y tramposa. Los mismos que hace 20 días defenestraban a Carrió por negarse a concurrir a la Casa Rosada, son los que ahora admiten por lo bajo que tenía razón. "Lo que hicieron fue perverso", graficó Morales, titular de la UCR, "aunque no podíamos negarnos a ir", se justificó.Lo cierto es que una Carrió encendida volvió dispuesta a parapetarse otra vez en el centro del escenario y a pelearle mano a mano una eventual candidatura presidencial opositora a Julio Cobos. "Yo no lo votaría", espetó la mujer. El Vicepresidente, recogió el guante y respondió rápido. "Yo sí". Estas rencillas opositoras son las que favorecen al gobierno en su estrategia de huir hacia delante. Si el diálogo fue un montaje, en el Indec sigue mandando Moreno, las facultades extraordinarias permanecerán intactas y Néstor Kirchner puede disponer de los fondos públicos como le plazca, es evidente que nada ha cambiado.Hasta la tirria por el periodismo independiente no se ha movido un ápice. La Presidenta estuvo en Venezuela esta semana y no dijo una palabra sobre la libertad de prensa en ese país, en riesgo ante el cierre intempestivo de radios y canales de televisión que están fuera de la órbita de Chávez. Los Kirchner sostienen que no leen, escuchan ni ven nada de lo que se publica. La réplica permanente indica lo contrario. En último caso, todos tienen derecho a utilizar la réplica. Y está bien que lo hagan. A lo que no tienen derecho es a descalificar cada vez que se hace una crítica. Eso está lejos de ser democrático.
Por Jorge Barroetaveña
EspecialFiel a su estilo de ignorar o esquivar los debates, la Presidente de la Nación optó el viernes por hablar de 'inequidad social' antes que de pobreza. De pedir un padrón de ricos antes que andar contando a los pobres. Y de acusar a los medios de 'fusilamientos mediáticos', en su habitual enojo contra el Grupo Clarín, extensivo a todo el espinel de la comunicación.La primera mandataria no admite la importancia de los números. Si no sabemos cuántos pobres hay en la Argentina, ¿cómo se pueden llevar adelante políticas sociales transparentes y eficaces? 'Da lo mismo 15, 20 ó 30', dijo con desparpajo. El detalle es que, el acto, fue organizado para anunciar la creación de 100.000 empleos a través de cooperativas. Si no fueron tan necesarios y los números no indicaron un crecimiento alarmante de la pobreza, ¿para qué lo hizo?Los números, a veces son molestos e incómodos. Retomando una línea argumental que ya utilizó en el conflicto con el campo, Cristina volvió a fogonear las divisiones entre ricos y pobres. Habría que preguntarse en qué lugar se ubica ella que, según la declaración jurada de su marido, posee una fortuna de 15 millones de dólares. De todas maneras, el fondo del debate debería pasar por otro lado. Desde el 2.002 son pocas las políticas sociales que han cambiado. Salvo pequeñas modificaciones y la aparición del Plan Familias, estos métodos sirvieron para aquella coyuntura pero han demostrado ser ineficaces para combatir la pobreza. En la oposición, independientemente de cuestiones ideológicas, existe amplio consenso para impulsar un ingreso universal por hijo. La Presidenta en cambio, relativizó la propuesta arguyendo el costo fiscal que implicaría. Si se avanza en esta solución para combatir la pobreza estructural, no sólo se habrá dado un gran paso para igualar el punto de partida de los sectores más desprotegidos sino que se le asestará un golpe casi mortal al clientelismo político. ¿Será por eso la negativa?El enfrentamiento entre el gobierno y el Grupo Clarín tiene su propia historia. Ha habido idas y vueltas, marchas y contra marchas, desde la autorización para la fusión entre Multicanal y Cablevisión hasta el impulso de la nueva Ley de Radiodifusión. Frente a esto, la decisión de la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) de rescindir el contrato para la televisación del fútbol, debería correr por su cuenta. De ellos debería depender asumir las consecuencias de romper un contrato millonario y la reorganización de un fútbol deficitario y poco transparente. Lo inadmisible es la intromisión del estado, cimentada en el conflicto de intereses entre los Kirchner y un grupo multimediático. Es inconcebible que el estado ponga un solo peso para los derechos de televisación del fútbol. La Argentina no es Inglaterra, Francia o Alemania que bien podrían darse el lujo de hacerlo pero no lo hacen. El fútbol no será gratis si el estado pone plata para poseer los derechos de televisión. Lo peor es que lo pagarán cada uno de los 40 millones de habitantes en un país que tiene el 30% de pobres. El gobierno, obnubilado por pasarle facturas al Grupo Clarín, decidió pegar donde más duele y mejor se maneja: la caja. El resto de la sociedad, como en tantas ocasiones, ha quedado como rehén.Los gritos de Agustín Rossi resonaron en el recinto de la Cámara de Diputados. Fueron acompañados del aplauso de la barra oficialista y el abucheo de los pocos productores agropecuarios que pudieron acceder hasta las gradas. Por 136 votos contra 100, el gobierno consiguió una prórroga por un año de las facultades extraordinarias, haciendo aprobar casi sin chistar lo que había pedido. El mensaje oficial, fue siempre claro. Si esto no se aprueba ponen el riesgo la gobernabilidad y van a tener que hacerse cargo.Ahora queda la prueba del Senado que luce, a priori, algo más complicada. Para la oposición esta batalla recién comienza. Al cabo, los radicales todavía se relamen las heridas de una convocatoria al diálogo fallida y tramposa. Los mismos que hace 20 días defenestraban a Carrió por negarse a concurrir a la Casa Rosada, son los que ahora admiten por lo bajo que tenía razón. "Lo que hicieron fue perverso", graficó Morales, titular de la UCR, "aunque no podíamos negarnos a ir", se justificó.Lo cierto es que una Carrió encendida volvió dispuesta a parapetarse otra vez en el centro del escenario y a pelearle mano a mano una eventual candidatura presidencial opositora a Julio Cobos. "Yo no lo votaría", espetó la mujer. El Vicepresidente, recogió el guante y respondió rápido. "Yo sí". Estas rencillas opositoras son las que favorecen al gobierno en su estrategia de huir hacia delante. Si el diálogo fue un montaje, en el Indec sigue mandando Moreno, las facultades extraordinarias permanecerán intactas y Néstor Kirchner puede disponer de los fondos públicos como le plazca, es evidente que nada ha cambiado.Hasta la tirria por el periodismo independiente no se ha movido un ápice. La Presidenta estuvo en Venezuela esta semana y no dijo una palabra sobre la libertad de prensa en ese país, en riesgo ante el cierre intempestivo de radios y canales de televisión que están fuera de la órbita de Chávez. Los Kirchner sostienen que no leen, escuchan ni ven nada de lo que se publica. La réplica permanente indica lo contrario. En último caso, todos tienen derecho a utilizar la réplica. Y está bien que lo hagan. A lo que no tienen derecho es a descalificar cada vez que se hace una crítica. Eso está lejos de ser democrático.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

