Enfermedades de la emoción y del entorno
"Todas nuestras emociones se inscriben al nivel del cuerpo", asegura el psiquiatra y escritor Boris Cyrulnik, al dar a entender que la mente enferma al físico. Aunque también el hombre somatiza otras cosas, como el entorno urbano.En la jerga médica "soma" se refiere a cuerpo. Por eso se suele hablar de "somatización" cuando hay trastornos físicos que se originan psíquicamente. Esta íntima relación de mente y cuerpo se echa ver en el lenguaje cotidiano, en expresiones como "se me parte el corazón".La acción directa de un factor mental que influye en los procesos físicos del organismo, es una creencia establecida en el mundo científico. Los estudios de Sigmund Freud sobre la histeria, a fines del siglo XIX, contribuyeron a consolidarla.Se creía que sólo las mujeres tenían síntomas histéricos (parálisis, convulsiones, sonambulismo, alucinaciones, pérdida del habla, etc.), y que esta enfermedad estaba vinculada a los órganos sexuales femeninos (la palabra griega "hystera" significa útero, matriz).En colaboración con el médico Josef Breuer, Freud descubrió en realidad que los histéricos padecen principalmente de reminiscencias. Es decir sufren de recuerdos penosos inconscientes.Como esos recuerdos no pueden expresarse normalmente, porque la mente los reprime, entonces retornan bajo la forma de un signo o síntoma físico. Eso es la somatización: cuando lo psíquico reprimido logra expresarse a través de un síntoma que mantiene oculto su significado.Esta especie de salto de la mente al cuerpo denuncia que puede haber conflictos emocionales que son patógenos, generadores de enfermedad. "Freud nos ayudó a comprender que lo que llamamos cuerpo y los que llamamos alma son dos maneras de contemplar la misma realidad", refiere el médico Luis Chiozza, en diálogo con Infobae."No tenemos dos bocas, una que es del cuerpo y otra que es del alma, tenemos una sola. Cuando masticamos un caramelo, cuando damos un beso, lo hacemos con el cuerpo y con el alma; y lo mismo ocurre cuando nos enfermamos", destacó.Pero la psicología también ha descubierto que los factores físicos ambientales repercuten en el comportamiento humano. Hoy la ciudad representa el medio cotidiano en el que habita una proporción cada vez mayor de personas.¿El medio urbano puede enfermar a las personas? Una corriente de psicólogos ambientales no tiene dudas respecto de las influencias negativas de estos entornos artificiales.La psique humana está expuesta, dicen, a la sobrecarga estimular en las grandes ciudades. Se habla al respecto del estrés ambiental, un fenómeno asociado a la organización urbana.Ese estrés se expresa, por ejemplo, en aumento de la incertidumbre (los individuos no cuentan con las certezas que ofrecían los anteriores espacios laborales y familiares, por caso).También en el aumento de la impredictibilidad (se dificulta la posibilidad de elaborar proyectos a futuro que sean percibidos como viables). Se menciona además la disminución de la capacidad de control de los individuos sobre sus propias vidas.Es decir, el individuo se percibe más y más a merced de leyes que escapan a su posibilidad de control, como las leyes del mercado. La visión de la ciudad como una gran selva, en la que hay que luchar para sobrevivir, se ha instalado en el imaginario de muchas personas.Los entornos urbanos demasiado violentos, ruidosos y desconcertantes alimentan la sospecha de que los individuos que viven en ellos ven alteradas sus mentes, y por esta vía también sus cuerpos.
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