Enseñar a cultivar la tierra en un país fértil
¿Por qué hay niños que padecen hambre en Argentina, uno de los países más fértiles del mundo? Se trata de una pregunta que produce un lógico desconcierto.El diagnóstico convencional postula la existencia de estructuras permanentes de injusticia y opresión, que hacen que se le niegue el pan a los más débiles.La postura tradicional es que hasta tanto se remuevan esas estructuras, la estrategia a seguir es alargar el brazo asistencialista del Estado, dando de comer al infortunado.Sin embargo, estamos en Argentina, uno de los paises más ricos en variedad de suelos, climas y vegetación. Y se ha dicho, no sin razón, que aquí "semilla que cae en tierra, crece".Y entonces uno se pregunta en qué medida el hambre de los infantes no es producto también de la desidia, la ignorancia y la falta de voluntad para mejor las cosas.En este sentido, hay quienes piensan que no se trata tanto de esperar grandes cambios estructurales, sino de operar en la realidad modificando conductas individuales y grupales.Es el caso de aquellas organizaciones que se dedican a promover prácticas de autogestión alimentaria entre los sectores más desfavorecidos de la sociedad.El más conocido es el plan Pro-Huerta, que lleva adelante desde hace años el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), a través del cual se fomenta la construcción de huertas comunitarias entre la población carenciada.Pero hay también emprendimientos surgidos del voluntariado social que enseñan a producir el propio alimento, o transmiten conocimientos para aprender a cultivar vegetales y así complementar la dieta tradicional deficiente.Como la Fundación Huerta Niño, cuya estrategia consiste en trabajar con los chicos en la escuela durante el ciclo primario, enseñándoles a cultivar la tierra.La entidad trabaja en forma solidaria en escuelas rurales primarias en donde haya casos de desnutrición y malnutrición, construyendo huertas comunitarias.El objetivo es reducir y suprimir el hambre de los más chicos, transmitiéndoles hábitos y habilidades rurales para que puedan sacar provecho de su entorno.La fundación cuenta con más de 50 huertas escolares distribuidas en todo el país, y concretó dos de ellas en Entre Ríos, en los pueblos de Bovril y Colonia Avigdor.Los niños de las zonas rurales concurren todos a la escuela y ésta es el centro de las actividades comunitarias. Una sola huerta irradia en todas las familias, multiplicando sus beneficios al resto de la comunidad.Los chicos aprenden no sólo a cultivar el suelo y a producir alimentos sino que se familiarizan con todas las actividades conexas ligadas al proceso de construcción de la huerta (que incluye limpieza del terreno, instalación del cerco, producción de compost, mejoramiento de la tierra, almaciguera, etc.).Fue Manuel Belgrano, el prócer creador de la Bandera, un gran defensor del cultivo de la tierra. Él tenía bien en claro, por caso, la relación entre educación, trabajo y situación social."¿Cómo, cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copia de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten los vicios y que el gobierno reciba el fruto de sus cuidados, si no hay enseñanza, y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayores y más grandes aumentos?", se preguntaba.También decía: "(...) el mejor medio de socorrer la mendicidad y la miseria, es prevenirla y atenderla en su origen y nunca se puede prevenir si no se proporcionan los medios para que el mendigo busque su subsistencia".
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