Entender que salud y desarrollo van juntos
Desde un abordaje global, sin dejar de tener en cuenta elementos muy puntuales que hacen a la Salud Pública, es posible encontrar otra visión de esta crisis sanitaria que se vislumbra. Por Jorge Coronel (*) La salud no es sólo un producto de las condiciones genéticas y biológicas, sino, también, resultado de la situación social predominante; así se puede decir que es la manifestación de un proceso histórico. Asimismo, la salud depende de las condiciones medioambientales donde la sociedad se desarrolla. La compleja trama de relaciones que existe entre salud y desarrollo obliga a que sean discutidos en conjunto. Se trata de un concepto único y es el mejor indicador de la dimensión de bienestar de una sociedad. Por lo tanto, al observar la epidemia de dengue que está afectando a la Argentina, debemos comprender que es sólo la punta del iceberg de la realidad sanitaria de nuestra población en los últimos años. Al escuchar que las autoridades se jactan del gran crecimiento económico de los últimos años, debemos poner nuestra mirada sobre el sector salud, y veremos cómo las enfermedades de los pobres siguen afectando a nuestra población y los indicadores de mortalidad parecen no condecirse con la realidad (al igual que en el caso de las estadísticas económicas). Patologías como el chagas, la tuberculosis, el hantavirus, y tantas otras que son expresiones de la educación, de las condiciones sociosanitarias, del acceso a la atención primaria de la salud, de la alimentación, continúan teniendo una alta carga de morbilidad y se extienden. De igual manera avanzan las patologías sociales como la drogadicción, el alcoholismo, la violencia, propias de una sociedad que ha excluido a gran parte de su población. Es ahora, ante una epidemia que avanza sin distinción de clases sociales, que se elevan las voces de alarma, pero olvidan que durante años la inversión social y en salud fue escasa y las que se realizaron fueron sin una planificación adecuada, ya que no basta con crear grandes hospitales, si no se cuenta con los recursos humanos adecuados para que éstos funcionen.
Por otra parte, las condiciones laborales en el sector salud resultan fundamentales para poder brindar un servicio de calidad. El tiempo de formación -previa y continua- y la responsabilidad que implica una función tan delicada como cuidar la vida de los seres humanos requieren que tanto los profesionales como el personal cuenten con una fuente de ingresos estable y digna, así como con condiciones de seguridad y los insumos correspondientes. La realidad en la Argentina es que desde hace ya muchos años existe un marcado deterioro del poder adquisitivo de los médicos que atienden en los tres subsectores -público, privado y de la Seguridad Social-. Los reclamos salariales en distintos hospitales de nuestro país no hacen más que manifestar la pauperización de las condiciones en que ejercen la profesión. Aquellos que buscan condiciones de ingresos más dignas deben apelar al multiempleo y a guardias agotadoras que los llevan a sentirse desmotivados, desvalorizados. El médico es parte de su comunidad, una sociedad empobrecida y con la salud deteriorada, que no recibió del Estado políticas sociales y sanitarias que contribuyeran a salir de esa situación incluso en épocas de mayores ingresos y de bonanza del país. Debemos preguntarnos qué nos espera en un contexto de crisis global, con pronósticos alarmantes para todas las sociedades, cuando se advierte que caerá el empleo, por lo que muchos ciudadanos perderán su cobertura de salud y entonces aumentará la demanda en el subsector público, a la vez que aumentan los indicadores de pobreza y vulnerabilidad. Es por eso que ante este contexto, las políticas de salud deberán, claramente, establecer prioridades, ser firmes, y por primera vez transformarse en verdaderas políticas de Estado, si es que nuestras autoridades tienen como objetivo el crecimiento del país. Sólo con una población sana se puede lograr un desarrollo sustentable en el futuro. (*) Jorge Coronel- Secretario de asuntos universitarios y científicos de la confederación médica de la República Argentina.
Por otra parte, las condiciones laborales en el sector salud resultan fundamentales para poder brindar un servicio de calidad. El tiempo de formación -previa y continua- y la responsabilidad que implica una función tan delicada como cuidar la vida de los seres humanos requieren que tanto los profesionales como el personal cuenten con una fuente de ingresos estable y digna, así como con condiciones de seguridad y los insumos correspondientes. La realidad en la Argentina es que desde hace ya muchos años existe un marcado deterioro del poder adquisitivo de los médicos que atienden en los tres subsectores -público, privado y de la Seguridad Social-. Los reclamos salariales en distintos hospitales de nuestro país no hacen más que manifestar la pauperización de las condiciones en que ejercen la profesión. Aquellos que buscan condiciones de ingresos más dignas deben apelar al multiempleo y a guardias agotadoras que los llevan a sentirse desmotivados, desvalorizados. El médico es parte de su comunidad, una sociedad empobrecida y con la salud deteriorada, que no recibió del Estado políticas sociales y sanitarias que contribuyeran a salir de esa situación incluso en épocas de mayores ingresos y de bonanza del país. Debemos preguntarnos qué nos espera en un contexto de crisis global, con pronósticos alarmantes para todas las sociedades, cuando se advierte que caerá el empleo, por lo que muchos ciudadanos perderán su cobertura de salud y entonces aumentará la demanda en el subsector público, a la vez que aumentan los indicadores de pobreza y vulnerabilidad. Es por eso que ante este contexto, las políticas de salud deberán, claramente, establecer prioridades, ser firmes, y por primera vez transformarse en verdaderas políticas de Estado, si es que nuestras autoridades tienen como objetivo el crecimiento del país. Sólo con una población sana se puede lograr un desarrollo sustentable en el futuro. (*) Jorge Coronel- Secretario de asuntos universitarios y científicos de la confederación médica de la República Argentina.
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