Entre la utopía o la pesadilla electrónica
Lo que la revolución política, con su arrogante sueño de redención social, no pudo conseguir, lo hará posible la era electrónica, parecen decirnos los tecnólogos.El vasto intento moderno de hacer mutar la naturaleza humana revolucionando las estructuras sociales, acabó en barbarie. Asesinatos en masa y abominables regímenes totalitarios fueron el tétrico resultado.El siglo XX fue el cementerio de la ideología que nos prometía el fin del hombre alienado y la entrada al paraíso social igualitario.La ciencia ficción ya venía anticipando en qué acabaría todo. En su obra "1984" George Orwell reflejó soberbiamente la contracara dramática de la "sociedad del futuro".Es la función de la "distopía", entendida como una utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal.Orwell nos advirtió sobre los megaestados de corte fascista. La manipulación y el adoctrinamiento masivo -a cargo de una elite autoritaria- llevan al control absoluto, al condicionamiento o exterminio de sus miembros baja una fachada de benevolencia.Disipada la ilusión de la revolución social, lúcidamente desenmascarada por el arte, la promesa de la sociedad perfecta parece ser retomada hoy por los adoradores de las tecnologías digitales.El irresistible optimismo de un Nicholas Negroponte -que habla de "ser digital o no ser"- o la esperanza en torno a la aldea electrónica anunciada por Alvin Toffler, alienta una atmósfera de nueva utopía.Dentro de este pelotón de intelectuales se suele citar a William Mitchell, un profesor del MIT que nos presenta una visión impresionante de las ciudades del futuro.Hay que decir, antes que nada, que no se trata de negar los cambios derivados de Internet. Las tecnologías digitales, por ejemplo, hacen cada vez más difusas la relación entre hogar y trabajo.La sociabilidad humana está siendo modificada también notablemente a caballo de la interactividad virtual. Las intuiciones de Mitchell sobre la urbanidad que viene merecen ser tenidas en cuenta."En el siglo XXI, la condición de la urbanidad civilizada se puede basar menos en la acumulación de objetos y más en el lujo de la información, menos en la centralidad geográfica y más en la conectividad electrónica, menos en al aumento del consumo de los recursos escasos y más en su gestión inteligente", dice el profesor del MIT.Ahora bien, ¿hay que esperar de las nuevas tecnologías una transformación de la vida humana que, por fin, la acerque a ese estado de perfección y beatitud que suelen acariciar las utopías?Ahí está el punto. Las fábulas futuristas y distópica que nos trae el cine en torno a las sociedades ultra-tecnológicas, sin embargo, hacen de contrapeso al sueño electrónico.El cortometraje "Tokio Shaking" (2008), del director surcoreano Bong Joon-ho, nos pinta una sociedad japonesa altamente hiperconectada que se acerca más bien a la pesadilla.Allí la tecnología digital es una aliada de una individualidad patológica en la cual los rasgos básicos de sociabilidad han desaparecido. Describe a un joven confinado en las paredes de su casa, que usa la tecnología para no salir al mundo, y así autoabastecerse en el hogar.El director de la película se sirve de una figura real de la sociedad urbana japonesa, del "hikikomori". Ese término designa en Japón a aquellos adolescentes y adultos jóvenes, de clase media alta, que rehúsan abandonar la casa de sus padres, donde viven encerrados durante meses e incluso años.El confinamiento social, así, es un corolario al que conduce la sociedad electrónica.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

