Opinion |

Entre lo heredado y lo comprado, Alberto consume el crédito

Hay problemas que aparecen y no se pueden manejar. La pandemia es uno de ellos. La herencia de la deuda y su condicionamiento, otro. Pero hay otros problemas que se buscan o se autogeneran. Justo en el peor momento. Vicentin y Latam son un buen ejemplo. En un caso por error de cálculo y en otro por desidia.

Jorge Barroetaveña

Decir a esta altura que generar un debate sobre la propiedad privada en la Argentina es cuanto menos incómodo no es ninguna novedad. Tampoco es algo alejado del sentido común. En medio de un tira y afloje tenso con los bonistas que quieren cobrar la plata que prestaron, de un mundo que se derrumba por los efectos de una pandemia devastadora, y con el background de los años que fueron gobierno, no sólo fue inoportuno, sino que desnudó una alarmante ausencia de realidad.

Es como que el fantasma del gobierno de Macri todavía se pavonea por los pasillos de la Casa Rosada. ¿Cuántas medidas tomó el gobierno de Cambiemos y tuvo que dar marcha atrás, porque no calculó la reacción que tendrían y sus consecuencias, generalmente más políticas que económicas?. Es probable que en el caso de Alberto Fernández, la pandemia sirva para justificar todo. O al menos para ponerle marco a las marchas y contra marchas. Pero el ensayo y error no es un lujo que la administración Fernández-Fernández pueda darse.

Es probable que la medida haya estado apurada por el deseo de sacar el foco atención de la cuarentena y sus consecuencias, pero llevó el debate a un terreno tan peligroso como pantanoso. Y ha generado problemas a varias bandas. A Perotti le armó un lío tremendo en Santa Fe, con marchas y movilizaciones que arrancaron el día del anuncio y todavía siguen, Al resto de las provincias donde el sector agropecuario es fuerte, lo mismo. Schiaretti no sabe a ciencia cierta cómo reaccionarán sus legisladores y hasta dónde soportarán las presiones de un sector clave para la economía de esa provincia mediterránea. Es increíble que con el trabajo de orfebre que hizo Massa durante la campaña y el propio Fernández, para restablecer lazos con ese electorado, una medida destemplada la ponga en jaque. Acá se filtran claro, los que argumentan la influencia del kirchnerismo en el gobierno y hasta dónde los condicionamientos que tiene el Presidente.

De hecho, casi dos semanas después del anuncio el proyecto no fue enviado al Congreso y, ante la consulta, el mismo mandatario dice que todavía espera ‘una propuesta superadora’. Llama la atención la soledad a la hora de explicar la iniciativa. Sólo el Jefe de Gabinete hace algún aporte, porque el Ministro del área, Basterra, dijo que no sabía nada del proyecto.

Un detalle adicional reveló la inoportunidad de la idea: en el medio de la negociación con los bonistas. El mismo gobierno que deberá desembolsar al menos 400 millones de dólares para enfrentar la crisis de Vicentin, se da vuelta y le dice a los acreedores, con razón, no tengo un mango más. Encima el anuncio de LATAM y su ristra de 1.700 trabajadores en la calle, siembra más dudas sobre el manejo de la crisis pos pandemia y el futuro mediato de las inversiones en el país. Es tragicómico porque todos saben, unos y otros, que asuma el compromiso que asuma, Argentina no podrá pagarlo. No importa, mientras la rueda siga girando.

Tampoco desde el cristinismo ya hacen demasiados esfuerzos por disimular la historia. Parecieran convivir dos planes distintos en lo más alto del gobierno. El metódico y bien direccionado de Cristina y el errático y confuso de Alberto. Nada se le puede reprochar a Cristina como líder. Está actuando como sabe hacerlo, después del golpe de timón que dio el año pasado. Los cargos habría que hacérselos al otro Fernández que todavía actúa como si fuera Jefe de Gabinete de Néstor.

La pandemia sigue su propio ritmo. Al cierre de esta edición crecen los casos en el AMBA, lo que recrudece las tensiones entre Larreta y Kicillof. Y los tironeos por los famosos runners, a la postre los verdaderos responsables de lo que pasa. Si no fuera por el drama que se vive, sonaría bastante gracioso. Aunque lo peor es que sea el Presidente el que utilice ese argumento. Nervioso, el miércoles tuvo un cruce con una periodista, poco amable para definirlo en buenos términos. Innecesario porque Fernández ha demostrado tener cintura para manejar esas situaciones y ha dado muestras de eso. La situación debe ser agobiante, es entendible, pero el capitán del barco es el primero que debe conservar la calma.

Otro favor le debe a Cristina. La oposición está más enfrascada en hablar del espionaje durante el gobierno de Macri que otra cosa. Apenas lo de Vicentin pareció sacarla de la modorra y avisarle que la cosa viene densa. El fantasma de la pandemia igual, todavía hace sombra sobre todo lo que toca. Si lo peor está por llegar, aún nos espera una larga travesía hasta el final del túnel. Y lo más angustiante es que ese final será el principio de otra historia: la pos pandemia con su secuela de atraso y pobreza.

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