Entre lo que murió y lo que todavía no alumbró, no hay nada de nada
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El gobierno es como esos tenistas que pierden solos los partidos. En su enésimo error no forzado, el Presidente anunció el jueves que volverá a fojas cero el entuerto del Correo Argentino y lo mismo se hará con el cálculo del reajuste bianual de las jubilaciones. Es demasiado. Ya no hay margen para esos errores. Jorge Barroetaveña Entre tanto error no forzado hay algo rescatable. Acosado por las críticas, el Presidente Macri dio el jueves una conferencia de prensa y se aguantó los sopapos. Porque los periodistas no sólo le preguntaron sobre lo que quería hablar. Lo inquirieron sobre la inflación y los tarifazos. Así, cara a cara, como hace mucho tiempo no pasaba. Y está bien que así sea, más allá del contenido de las respuestas que podrán conformar o no. Forma parte de las reglas del juego y cualquier politico que se precie de tal debe aceptarlas. Vale remarcarlo porque la antecesora de Macri nunca se bancó un mano a mano incómodo. Por intolerancia a la verdad quizás. Eso sí cambió y es bueno.El gobierno de Cambiemos arrastra la acusación de ser un gobierno de CEOS. La verdad que todo indica que les quieren dar la razón. El conflicto del Correo estuvo mal manejado desde el principio. Tanto que si no era por la publicación del Diario La Nación todo hubiera pasado desapercibido y es probable que se conociera el hecho consumado. Es cierto lo que dijo Macri el jueves, que no se firmó nada ni hubo perjuicio para el estado, pero el proceso iba en camino a eso. La honestidad no es un valor que se declama, debe ser ejercida en plenitud y los funcionarios están obligados a dar muestra de ello. Cambiemos llegó al gobierno envuelto en las sospechas de corrupción kirchnerista. Buena parte de sus votantes, los apoyaron repudiando los años en los que la honestidad pública se volvió oscura y oprobiosa y en los que la justicia decidió mirar para otro lado. El contenido republicano de ese voto, obliga aún más a Cambiemos a guardar las formas y los contenidos. Sólo el difunto Néstor Kirchner y Franco Macri saben por qué pasaron 14 años de un conflicto que nunca se resolvió, en el que el perjuicio a las arcas del estado siempre estuvo latente. Pero eso ya forma parte de la historia. Hoy, este gobierno, del hijo de Franco, es el que debe rendir cuentas por lo que intentó hacer, sin esconder la herencia. Claro que no es fácil manejar el problema, por los protagonistas que tiene y por su propio arrastre, aunque es evidente que la solución que se buscó y su modo de comunicarla, fue pésimo.Nunca es bueno que un gobierno tenga funcionarios imputados en la justicia. Si hicierámos un ránking habría que ver quién lleva más en la cuenta, pero tampoco se trata de eso. Lo real es que una justicia independiente investigue, más allá del poder de turno, y si tiene que llevar al banco de los acusados al mismísimo Presidente de la Nación, no le tiemble la mano en hacerlo. Hoy, es fácil meterse con la ristra de funcionarios K que debieron haber desfilado mucho antes por tribunales. Si ni Cristina Kirchner se salva de los embates, a caballo de su pérdida de poder e influencia. Más allá de su responsabilidad penal que deberá ser dirimida como corresponde. La de ella o la de cualquier otro.El resto dá pábulo a las sospechas. Muchos de los que votaron a Macri creen que le hace el juego a su antecesora. Que hasta tiene negocios en común y no quiere que vaya presa. Los que votaron por la continuidad del modelo K están convencidos que los persiguen, que se quiere destruir todo lo que se hizo en 'su' década y que Macri es un impostor de la derecha, que se hizo pasar por progre, para que lo votaran. No hay términos medios en esta historia. Y tampoco se pueden ser las dos cosas al mismo tiempo. Pero la justicia argentina, más las aganchadas de nuestra desprestigiada clase política, dan para todo. Hasta para pensar las cosas más insólitas.Si bien en los primeros no estaba claro, es evidente que la Argentina vive un proceso de transición, entre algo que murió y lo que todavía no terminó de alumbrar. El kirchnerismo en la forma que lo conocimos fue sepultado en 2015. Seguirá teniendo en Cristina su máximo referente pero como expresión política, ha quedado reducido a su mínima expresión. El peronismo se lo terminará comiendo más tarde que temprano, en un proceso que todavía sigue abierto porque nadie quiere asumir la batuta y agarrar oficialmente la pala de enterrador. Massa prefiere que sea otro el que ponga la lápica y hace su propio juego.Cambiemos también es un experimento que no termina de nacer. Gobierna hace más de un año, en medio de una situación política y económica delicada, con minoría en ambas Cámaras del Congreso. Muestra la convivencia a los codazos entre los radicales y el PRO, un partido vecinal que consiguió la proeza de ganarle al peronismo. Y anda a los barquinazos, tratando de acostumbrarse a tener un poder que nunca tuvo la oposición, en términos estrictamente provinciales. Y por ahí anda Elisa Carrió, como Fiscal de la República, levantando el dedo acusados cada vez que algo no le gusta. Conseguir equlibrio en semajante tembladeral forma parte de una alquimia política que nunca se ha visto en la Argentina moderno. Y en el medio hay que gobernar. El estado no es una empresa. No se lo puede administrar de esa manera. Hay un camino intermedio que Macri hasta ahora no encontró y que busca desesperadamente. Los días pasan, las horas se clavan como agujas y la cita electoral se agigante con el paso del tiempo. Tampoco será la muerte de nadie. Los pueblos siempre sobreviven a sus gobiernos, incluso a los peores.
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