Entre Macri y el peronismo, el futuro es una moneda al aire
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El invierno será más invierno y el 2018 se estirará como chicle. Venía bien la mano para el gobierno. Había ganado en octubre con una oposición desmembrada, perdió Cristina en Buenos Aires y Macri y su entorno no hacían más que filtrar data sobre su posible intento reeleccionista. Jorge Barroetaveña El horizonte oscureció. El mundo se puso un poco más loco que de costumbre y el gobierno lo subestimó. Hoy está pagando las consecuencias.El invierno económico que atraviesa el país llega en las vísperas de un año electoral. Con un oficialismo aturdido, perdido, y una oposición que duda todavía en aprovechar la gran oportunidad que se le abre de tener chances ciertas de volver al poder el año que viene. Cuando digo oposición, léase peronismo, obviamente.La crisis en lo más alto del poder es tal que hasta el inconmovible Marcos Peña tambalea. Su estrategia pergeñada al calor del "duranbarbismo" empezó a hacer agua después de las elecciones, suponiendo que el margen de maniobra se había ampliado fruto del resultado. No tuvo en cuenta que los números de la economía habían empezado a cambiar y que el panorama del mundo se ponía cada vez más hostil con las economías emergentes. Argentina, que es una hojita en medio del mar, sigue expuesta a los humores de los que manejan el mundo y si USA y China se pelean, pagamos las consecuencias.Como una cortina que se corre, los deberes que Macri no hizo los dos primeros años, quedaron soberanamente expuestos. El gradualismo se fue al tacho y el discurso oficial quedó pedaleando en el aire. En economía el rojo se volvió asfixiante. En política también.Cambiemos cometió dos pecados apenas asumió. Nunca dijo toda la verdad del país que había recibido, bajo el paraguas festivo de los que decían que había que terminar de dar malas noticias ni tampoco se puso al tanto del reclamo institucional que muchos de sus votantes le pidieron.Los tiempos del gobierno quedaron a contramano de buena parte de la sociedad que lo votó. Hoy, con la crisis instalada, ni siquiera hay demasiados cambios institucionales para mostrar. Un trabajo del Consejo de la Magistratura acaba de revelar que sólo 2 casos de cada 100 en los que hay causas abiertas contra funcionarios públicos, llegan a una condena. La mayoría ni siquiera arriba a la instancia de juicio.En su arremetida por conseguir poder, Néstor Kirchner echó de la Corte a los jueces de Menem a los pocos meses de asumir y mandó un mensaje claro de lo que estaba dispuesto a hacer. Macri nunca se animó a tener un gesto similar, se quedó a mitad de camino y dejó que se instalara la sensación de más de lo mismo. ¿Consecuencia? La justicia sigue actuando por espasmos, de acuerdo al poder de turno pero sin olvidar que todos son finitos en sus cargos, salvo ellos. Y la sociedad reclamante asiste molesta ante este espectáculo. ¿Cambió algo? No, poco y nada. Y lo poco está lejos de ser suficiente. Ni siquiera como placebo alcanza. Con todo derecho entonces no pocos se preguntan si Cambiemos llegó para cambiar algo o sólo hacer maquillaje. Esa es una factura pendiente que Macri tiene con sus votantes y sólo se sabrá el año que viene cuánto le va a salir.Estos errores de cálculo han hecho mella en la mesa chica de Cambiemos y hacen tambalear la estabilidad del infalible e intocable Marcos Peña. Para los que creen que Peña es Macri no están lejos. Acompaña al Presidente desde las primeras horas de su carrera política y ha sido su sombra. Como suele suceder con los que están cerca del poder pero no son depositarios directos de él, sobre Peña se tejen una y mil hipótesis. Macri intentó en más de una ocasión construirlo como candidato pero, a la hora de los bifes, optó por dejarlo en sus cercanías. Sí le ha entregado el monitoreo de todo el gobierno y la implementación de sus órdenes.Cuando en la última reforma de la Constitución se incorporó la figura del Jefe de Gabinete tuvo como objetivo erigirle un manto protector al Presidente, un fusible que saltara cuando la situación se pusiera tensa. Evitarle un desgaste innecesario que socavara su poder e imagen. En los últimos años Cristina Kirchner tuvo a 6 personas en ese cargo, fueron y vinieron, aunque mucho desgaste no le pudieron evitar.¿Se atreverá Macri a tomar semejante decisión? En la mesa chica han aparecido las grietas. Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal tienen una mirada distinta de la situación. Piden, en voz baja, más política, decisiones y, sobre todo, más economía.Es una obviedad lo que piensan: con la economía en rojo, un milagro llamado 'peronismo' es lo único que puede salvar a Cambiemos de perder el año que viene. Con el desgaste de cuatro años a cuestas, expectativas insatisfechas y números en contra, el escenario es harto complicado.Macri tiene que hacer lo que no hizo los dos primeros años, con su poder en declive y el peronismo encontrar un liderazgo que renueve las esperanzas de la sociedad en ese movimiento. Las dos cosas hoy, navegan por el mar de la indefinición. Es una moneda al aire. Tanto como nuestro futuro.
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