Entre nubarrones, retrocesos y reclamos
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/712/0000712343.jpg)
Sin líderes ni vinchas, las marchas del jueves plantearon realidades que exigen atención. Muchas no se ven, pero lastiman, como la que Gualeguaychú planteará el domingo. Mario Alarcón MuñizDespués de la movilización popular del 8 de noviembre pasado, escribíamos en esta columna que la gente había puesto en evidencia la crisis de nuestro sistema político, pues Gobierno y oposición se mostraron carentes de respuestas. Evaluaron lo ocurrido dentro del marco de la política clásica -por no decir antigua- y redujeron la cuestión a términos electorales o de lucha por el poder. No entendieron lo que sucedía.La movilización se repitió el último jueves con parecidas características en cuanto a la cantidad de manifestantes (se estima que fue superior a las dos anteriores), significativa participación de la juventud, clima pacífico y ninguna divisa partidaria, aunque esta vez se mostraron algunos dirigentes políticos.Cierto giro se advirtió en cuanto a la índole de las demandas, seguramente incentivadas por episodios de estos días. La Justicia independiente y la corrupción aparecieron como los asuntos más preocupantes, relegando -no suplantando- a otros que antes encabezaban la tabla de reclamos: inflación, inseguridad, autoritarismo, jubilaciones, etc.Los ruidos del puebloPor el momento es aventurado pronosticar los efectos de esta reciente marcha. De lo que no se duda es de la aparición de un fenómeno nuevo en la política argentina a partir de la forma de convocatoria mediante redes sociales, la gente en la calle asumiendo un protagonismo sin líderes ni vinchas y unida por demandas comunes.Alguien sugirió que se trata de un sector caudaloso del pueblo que pide liderazgos para canalizar su protesta en procura de reales efectos políticos. Puede ser. Se verá. Pero frente a lo ocurrido recordamos a oficialistas y opositores, como en noviembre pasado, que el recurso más sabio es el de nuestro padre, Martín Fierro: poner la oreja en el suelo. Es decir, escuchar los ruidos del pueblo.Unidos por la vidaPrecisamente por no saber escuchar a la distancia los ruidos del pueblo e ignorar realidades que no son electorales, sino de la simple vida cotidiana (ojo: pueden ser electorales el día de mañana por derivación), nos encontramos ante situaciones como las que hemos planteado en las últimas dos semanas luego de la tragedia climática de principios de mes en La Plata y Buenos Aires.Nos hemos referido en notas anteriores, entre otros signos de la desmesura ambiental, al Delta en peligro por los 1.000 kilómetros de terraplenes que le han tirado encima compañías sojeras en complicidad con funcionarios distraídos ("distribución de la riqueza", menos mal); la inexplicable omisión del Plan Integral Estratégico del Delta firmado en 2008 por Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe; el desmonte arrasador que nadie frena y la constante pérdida de espacios verdes en las ciudades en favor del negocio inmobiliario de unos pocos.Es necesario añadir la ineficiencia de los gobiernos argentino y uruguayo para avanzar en el monitoreo y control del río Uruguay a tres años -cumplidos ayer- del fallo de la Corte Internacional de La Haya. Ineficiencia en este caso deriva en retroceso y mayor daño ambiental. El tiempo pasa y la contaminación crece. Por eso Gualeguaychú será multitud el domingo próximo, cuando la novena marcha hacia el puente internacional le diga al mundo que estamos "Unidos por el agua, por el aire y por la vida". Pero también que esperamos respuestas.Imágenes del retrocesoAguarda asimismo alguna señal el Movimiento Entre Ríos Libre de Fracking que desde hace más de un año viene denunciando el grave riesgo al que se expondrán el ambiente y la riqueza de Entre Ríos si el gobierno permite ese sistema de explotación gasífera, asunto de esta columna el 17 de febrero pasado.Aunque el proyecto de ley de agroquímicos avanza en la Legislatura -con muletas, pero avanza-, la ley que grava los "pooles" de siembra para destinar fondos a la conservación del suelo lleva seis años invicta. Nadie la ha aplicado desde su sanción. Hubo una amenaza de modificación y quedó ahí. Entre tanto, los "pooles" (es decir corporaciones, grandes grupos económicos) habitan el mejor de los mundos.La conservación del suelo es otra imagen del retroceso. En diciembre pasado se produjo la segunda corrección del Código Fiscal en diez meses. Al margen de la improvisación que delatan los arreglos del código a cada rato según las circunstancias, en este último caso se afectó la ley de conservación del suelo (8318, de 1989, la primera del país en su momento, reconocida por las Naciones Unidas).La Administración Tributaria de Entre Ríos (ATER) pasó a regir en la materia, como si su función fuera resguardar nuestro recurso básico. Tiene que juntar plata y entonces se redujeron y hasta se suprimieron las bonificaciones del impuesto inmobiliario a los productores que incorporen tecnologías conservacionistas. ¡Viva la Pepa! Que cada uno haga lo que se le antoje y deteriore el suelo, estimule la erosión y promueva la pobreza, consecuencia inevitable de estos procesos concebidos sólo para recaudar...ahora. Mañana será complicado porque de la buena tierra quedará el recuerdo.En Entre Ríos hay dos millones de hectáreas productivas susceptibles de erosión. De ellas, 400.000 están cuidadas por las "terrazas de evacuación de aguas excedentes" construidas al amparo de la ley 8318. Con esta norma deteriorada por los recaudadores, se detendrá el cuidado del recurso.Ninguno de estos temas aparece en el escenario de la actualidad. Empero, junto a otros de parecida índole, componen los nubarrones políticos que de tanto en tanto se descargan con reclamos.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


