Entre Ríos: la utopía es pagar los sueldos
La discusión económica en la provincia, desde hace tiempo, pasa por saber si el Estado pagará los sueldos. Los políticos entrerrianos compiten, increíblemente, por este logro.Pocas provincias son tan ricas como Entre Ríos. Pero ese es un calificativo que describe su enorme potencialidad natural. De ninguna manera, su riqueza adquirida por el hombre.La estructura productiva de Entre Ríos es tan primaria como de escaso vuelo la política que la guió. Se diría que el subdesarrollo económico es directamente proporcional al subdesarrollo mental de su dirigencia.Pasan los años y la provincia sigue mostrando un estancamiento de sus fuerzas productivas, con una burocracia estatal que se ha convertido en un obstáculo.La provincia que desafiara a Buenos Aires, allá por la mitad del siglo XIX, y que llegó a ser sede de la Confederación Argentina, devino en un Estado menor que solamente vegeta.Tiene apenas 1,2 millón de habitantes. Es decir, demográficamente no crece como lo indican sus posibilidades. Y encima exhibe niveles de pobreza e indigencia preocupantes.En realidad, su base material no satisface su crecimiento vegetativo. De ahí que Entre Ríos sea una tradicional expulsora de población. Sus jóvenes, sobre todo, buscan mejor suerte en otros lados.Algunos señalan que el declive entrerriano comienza en Pavón (1861), cuando inexplicablemente Urquiza, teniendo todas las de ganar, se retira de esa batalla, otorgándole el triunfo al mitrismo de Buenos Aires. Al margen de si ése habría sido el fracaso definitivo del federalismo argentino, desde entonces esta provincia perdió gravitación en la vida nacional.¿Acaso hubo una represalia del poder central contra Entre Ríos, por haberlo desafiado tanto tiempo?. Hay una hipótesis histórica que avala esta explicación conspirativa.Quién sabe. Lo cierto es que Entre Ríos promete más de lo que es. A las sociedades hay que juzgarlas -al igual que a las personas- no por lo que son sino por lo que están en condiciones de ser.Hay que confrontarlas con sus posibilidades reales. Y en este sentido la provincia, llamada a ser un Estado moderno y vigoroso, exhibe una realización mediocre en todos los frentes. Los entrerrianos, por caso, nos hemos acostumbrado a debatir el déficit crónico del Estado (provincial y municipal). El desvelo de su dirigencia pasa por pagar los sueldos de la administración a fin de mes.Mientras no se ha resuelto el cuello de botella de la fuga de la renta que produce Entre Ríos -el unitarismo fiscal la ahoga- su dirigencia discute cómo pedalear el déficit de las cuentas públicas.Unos dicen que hoy el déficit está en 300 millones y otros que es el doble de esa cifra. Pero esta discusión encubre el atraso de su estructura productiva. Un síntoma del cual es el hecho de que el empleo público supera al privado.En Entre Ríos el empleo privado llega al 10% de los habitantes, mientras que en Córdoba y Santa Fe llega al 15 y 16% respectivamente. La burocratización de la sociedad entrerriana, así, es un síntoma inequívoco del subdesarrollo de sus fuerzas productivas.A menos que se cambie este perfil, acometiendo un plan para incentivar su economía privada, en orden a ampliar su base material, los entrerrianos seguirán yéndose a otros lados y el círculo vicioso del déficit fiscal no se cortará.La disyuntiva pasa por seguir administrando la decadencia como hasta ahora, o por diseñar una política de alto vuelo dirigida a hacer realidad el sueño de Tomás de Rocamora, para quien Entre Ríos sería la mejor provincia de Sudamérica.
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