TRABAJO MANCOMUNADO
Entre Ríos se encamina a una muy buena campaña maicera con incentivo de políticas públicas sostenibles
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El maíz entrerriano del actual ciclo productivo se concreta sobre unas 530.000 hectáreas y las previsiones de rendimiento alientan las mejores expectativas. La iniciativa involucra a agricultores, asesores privados, expertos del INTA, la Bolsa de Cereales, la UNER y el Gobierno provincial.
El maíz entrerriano del actual ciclo productivo se implanta sobre unas 530.000 hectáreas, según estimaciones de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, y las previsiones de rendimiento alientan las mejores expectativas para el sector. Con un rendimiento promedio proyectado en torno a los 6.800 kilos por hectárea —un 18% por encima del promedio de la última década— la campaña 2025/26 se perfila como una de las más relevantes de los últimos años en la provincia.
La mejora se da en un contexto climático más favorable que el del ciclo anterior, cuando la sequía impactó con fuerza en los planteos tempranos y tardíos. De acuerdo con reportes técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la recuperación de perfiles hídricos durante la primavera y las lluvias registradas en momentos críticos del cultivo permitieron una mejor implantación y un desarrollo vegetativo más homogéneo. Los especialistas destacan que el manejo ajustado de fechas de siembra y la elección de híbridos adaptados a cada ambiente fueron determinantes para capitalizar esas condiciones.
En el contexto de la visita a un ensayo del cultivo en el establecimiento San Alfonso, ubicado en el límite de los departamentos Diamante y Paraná, el ministro de Desarrollo Económico, Guillermo Bernaudo, subrayó: “Será seguramente una muy buena campaña, que compensará la del año pasado; donde tuvimos que salir a comprar por todo el país el grano necesario para nuestras cadenas de valor de la carne”.
Especificó que “nuestra provincia es muy maicera; si bien otras nos superan en volumen, en Entre Ríos convertimos al maíz en cerdo o pollo; consumimos todo lo que producimos en Entre Ríos”. En efecto, datos de la Bolsa de Comercio de Rosario muestran que el maíz es uno de los principales cultivos del país en términos de producción y exportación, pero en Entre Ríos adquiere un perfil diferencial: gran parte del cereal se industrializa localmente como insumo estratégico para la producción avícola, porcina y bovina.
La provincia es uno de los polos avícolas más importantes de Argentina, actividad fuertemente concentrada en la región de Crespo y zonas aledañas, y que demanda grandes volúmenes de maíz para la elaboración de balanceados. Según informes del Ministerio de Agricultura nacional, más del 60% del costo de producción avícola está vinculado a la alimentación, donde el maíz cumple un rol central. “Aquí el cereal es clave y un potrero como el que estamos recorriendo va a terminar convertido en proteína animal”, aseguró el ministro, resaltando el concepto de agregado de valor en origen.
De acuerdo con la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, el rendimiento esperado se apoya en un paquete tecnológico consolidado que incluye siembra directa, fertilización balanceada y monitoreo sanitario permanente. El uso de información climática y modelos predictivos, junto con la articulación público-privada, también inciden en la toma de decisiones. “Actuamos teniendo en cuenta información del INTA y de la Bolsa de Cereales. Nos genera optimismo, aun lamentando que los maíces tardíos tengan algo de riesgo en comparación a un mes atrás”, explicó Bernaudo.
El ensayo visitado se concretó a partir de una iniciativa de la firma Pioneer destinada a promover prácticas de manejo eficientes y sostenibles, incluyendo densidades variables, estrategias de fertilización ajustadas por ambiente y evaluación comparativa de híbridos. En estas experiencias participan sembradores, asesores privados, técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, especialistas de la Universidad Nacional de Entre Ríos (a través de su Facultad de Ciencias Agropecuarias) y representantes del gobierno provincial.
Desde el ámbito académico, remarcan que la sostenibilidad productiva no se limita al rendimiento, sino que integra variables como la conservación de suelos, el uso racional de fitosanitarios y la incorporación de tecnologías digitales. En esa línea, Bernaudo destacó que “queda por hacer, pero también es mucho lo hecho por los agricultores entrerrianos que producen este cereal esencial; generando valor a partir de la transformación de proteínas vegetales en animales”.
El ministro también señaló la importancia de la articulación institucional: “Trabajamos en conjunto en este tipo de eventos, como también con el INTA, organismo que está muy integrado a la producción entrerriana y al Gobierno provincial; nuestro secretario de Agricultura es parte del Consejo del INTA, y los equipos del Ministerio de Desarrollo Económico trabajan mano a mano con este organismo nacional”.
En materia normativa, la provincia avanzó en la actualización del marco regulatorio vinculado a la aplicación de fitosanitarios, con controles más estrictos y sistemas de capacitación obligatoria para operarios. Asimismo, sancionó la primera ley provincial del país que regula el uso de drones en actividades agropecuarias, estableciendo pautas técnicas y de seguridad para su implementación. “Estamos digitalizando totalmente el registro de operarios de fitosanitarios”, agregó Bernaudo, en referencia a la modernización administrativa que busca mayor trazabilidad y transparencia.
El escenario actual combina, así, variables climáticas favorables, adopción tecnológica, articulación público-privada y un entramado agroindustrial que transforma el grano en proteína animal dentro del territorio. Si las proyecciones de rendimiento se concretan y los precios internacionales acompañan —en un mercado influido por la demanda global y los informes del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA)— Entre Ríos no sólo recuperará volumen productivo, sino que fortalecerá su perfil como provincia maicera con fuerte integración a cadenas de valor.
