Entre Ríos y los costos del monocultivo sojero
En la última década, en la provincia hubo un avance extraordinario de la soja en reemplazo de los cultivos tradicionales. El monocultivo está siendo objetado por los propios productores y expertos del INTA.Dos de cada tres hectáreas cultivadas en la tierra de Justo José de Urquiza se destinan al poroto. Esta ratio esconde un cambio de tendencia en la historia agrícola de la provincia, liderada antes por el trigo, el maíz y el sorgo.En realidad se inscribe dentro de una lógica nacional que se sustenta en la máxima explotación posible de un único commoditie de alto valor en el mercado internacional: la soja transgénica.El paradigma tiene acérrimos detractores en aquellos que ven que reedita el esquema vigente a fines del siglo XIX, que era de naturaleza extractiva y orientado a la exportación, y de cuño "neocolonial".Pero más allá de la discusión sobre la naturaleza del "modelo", quienes no cuestionan de raíz su existencia, y se diría que participan de sus beneficios, no obstante son concientes de sus efectos colaterales indeseados.Cuando se les pregunta por qué la adicción sojera de los productores, responden que es el único cultivo que les da seguridad y confianza económica, y en este sentido imputan el monocultivo a la política agropecuaria llevada a cabo por el gobierno.Es la tesitura que parece adoptar la Federación Agraria Argentina, por caso. De hecho la expresión entrerriana de la entidad estaría por presentarle al gobierno provincial una propuesta que mejore la comercialización de trigo."No es sólo una razón económica", aseguró el representante de la entidad Alfredo Bel, "también hay razones de sustentabilidad del sistema y cuestiones ecológicas"."Hoy el trigo está en riesgo porque este esquema que ha diseñado el gobierno, hace que el productor no se sienta respaldado para sembrar y sembremos cada vez menos. Así vamos teniendo cada vez menos producción", declaró.Más allá de la cotización de los granos (de su eventual manipulación por el gobierno), en Entre Ríos empieza a aflorar con fuerza el daño que el ciclo soja/soja/soja le propina a los suelos, y a la sustentabilidad global del agrosistema."Se trata de sostener el trigo como un cultivo de rotación", refiere Bel. Y ahí radica uno de los dilemas: la sojización impide adoptar un sistema de rotación de cultivos con inclusión de gramíneas -trigo, maíz y sorgo- que aseguren una cobertura de residuos permanente para la tierra y un balance positivo de la materia orgánica.Ingenieros agrónomos que trabajan en el INTA, que es un organismo estatal dedicado a la investigación agropecuaria, coinciden en el diagnóstico. En junio del año pasado, se conocieron las conclusiones de un informe realizado por el INTA Paraná, donde se advirtió sobre la degradación de los suelos.Allí se señala que comparada con el monocultivo de la soja, la rotación de cultivos disminuye la pérdida de suelos de 5.000 a 1.100 kilos por hectárea por año, lo cual permite conservar nutrientes y quintuplicar la capacidad productiva.La rotación, se añade, es "una práctica adecuada para proteger al suelo, favorecer la infiltración del agua y prevenir erosión". De acuerdo a la investigación del INTA Paraná, "los monocultivos, aún bajo siembra directa, pueden generar una importante pérdida de suelo por erosión hídrica y disminuir la productividad debido a la pérdida de nutrientes".Por su parte, Roberto Casas, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, afirmó: "El suelo agrícola configura el soporte más sólido de la economía de nuestro país y conservarlo se torna imprescindible para garantizar el bienestar de todos los habitantes".Para el directivo, es fundamental "reflexionar sobre la importancia de proteger nuestros suelos productivos, verdadera fábrica de alimentos".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

