Erradicar los microbasurales
La multiplicación de basurales clandestinos en distintos puntos de la ciudad refleja, en última instancia, la incultura de muchos vecinos en materia de higiene.Este diario ha venido reflejando, en distintas notas periodísticas, una problemática urbana que no parece tener solución: la acumulación de residuos en terrenos baldíos o en espacios públicos.Estamos ante una contradicción insostenible: una comunidad que es capaz de movilizarse masivamente en protesta contra una papelera contaminante, sin embargo consiente la suciedad en su propia casa."No mires la paja en el ojo ajeno, quita la viga que tienes en tu propio ojo". Esta frase evangélica nos interpela como habitantes de esta ciudad. La lucha a favor del medio ambiente necesita de sinceridad colectiva.El penoso espectáculo de los microbasurales, por tanto, debiera movilizarnos. Algo hay que hacer, decididamente, para erradicar estos sitios que no sólo afean el paisaje urbano sino que son focos de infección que atentan contra la salud.Sabemos del esfuerzo de las autoridades para combatir el flagelo. Aunque quizá debiera explorar otras alternativas en orden a una gestión más efectiva y contundente, ya que siempre hay cosas para mejorar.Pero no hay que engañarse. Como decía un eslogan de Higiene Urbana: "Una ciudad limpia no es la que más se limpia, sino la que menos se ensucia". Es decir, el problema son los malos hábitos vecinales.¿Por qué hay gente que tira la basura en cualquier lado? Dar respuesta a este interrogante nos conduce a un problema de educación básica. ¿Somos así de sucios en nuestra propia casa?.Paralelamente, los microbasurales pueden ser vistos, claramente, como un reflejo de nuestro concepto sobre lo público. Los argentinos tenemos una noción perversa sobre los espacios y las cosas comunes.Por eso hemos degradado la República, una palabra que en su acepción etimológica significa "cosa pública". Por eso concebimos al Estado, un organismo llamado a gestionar el bien común, como un botín o un nicho para el enriquecimiento individual o grupal.Por eso la "anomia" que nos aqueja desde hace tiempo, es decir esta manía argentina de vivir fuera de la legalidad, que sabotea la convivencia.Por eso el desprecio, también, hacia el hábitat urbano. Nuestra conducta con los residuos tiene que ver, justamente, con la manera con que concebimos la ciudad: es la casa común o es un simple resumidero.Está demás decir que la presencia de basurales conspira contra las pretensiones turísticas de Gualeguaychú. Es tan obvia la contradicción que no merece explicarse.Estos sitios clandestinos son, sobre todo, un atentado a la salud pública. El olor penetrante que expiden, en algunos casos, por la presencia de residuos orgánicos o animales muertos, genera tensión entre los propios vecinos.Poco se tiene en cuenta que los basurales, además de contaminar el agua y el suelo, generan microorganismos que pueden transmitir enfermedades, como fiebre tifoidea, hepatitis, tifus, dengue, entre otros.La municipalidad ha dispuesto un número telefónico, el 105, para que los vecinos denuncien la presencia de microbasurales. Con el objetivo de disponer de una cuadrilla que los retire.Nos preguntamos, en tanto, si la autoridad no debiera evaluar la conveniencia de mejorar las inspecciones para desalentar esta práctica antihigiénica, y además si es posible disuadir a los infractores.Como sea, estas medidas siempre resultarán insuficientes si la población no cambia su hábito con respecto al manejo de los residuos. No hay que perder de vista, al respecto, que aseo es cultura.
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