Esas imágenes que expanden la mirada
Algunas imágenes tienen la capacidad de conmover la sensibilidad humana, por su alto poder comunicativo, como la foto del chico sirio de tres años ahogado en una playa turca, de la que se habla en todo el mundo. Nunca más pertinente que en estos casos la expresión "una imagen vale más que mil palabras". El signo icónico, que acompañó al hombre a lo largo de su historia, puede traducir la realidad de un modo incomparable.Los otros sistemas de representación, como el lingüístico, no logran trasmitir tanta autenticidad y hondura como el simbolismo icónico. El poder de la comunicación visual lo testifica, en la sociedad de masas, el arte del cine.Cabría especular, entonces, que si un sector importante de la opinión pública mundial desconocía o era indiferente a la crisis de los refugiados -la peor desde la Segunda Guerra Mundial-, su percepción cambió con la foto del cuerpito muerto de Aylan Kurdi, que los medios masivos del mundo pusieron estos días en circulación."Se me heló la sangre cuando lo vi", dijo Nilufer Demir, la reportera gráfica turca que tomó la foto. Y esa reacción probablemente haya sido la misma que experimentó mucha gente ante su publicación."Las imágenes no son argumentos. Sino impactos visuales. Tienen peso específico sin necesidad de explicaciones, ni de ideologías. La fotografía del chico muerto en las costas de Turquía expone una paradoja tremenda", analizó el periodista Miguel Wiñazki.Aunque la foto del niño que yace junto al mar parece hablar por sí misma, aunque su elocuencia basta para ahorrar alguna nota al pie, aunque su sola contemplación vuelve superfluo el comentario, las personas necesitamos explicar las paradojas.Es lo que hizo el periodista español Pedro Simón, en un texto que procura racionalizar en conceptos el destino trágico de Aylan Kurdi. "Lo normal a los tres años -dice- es verlos en la orilla con el bañador y no vestidos. Lo normal es verlos dando saltos y no tumbados de este modo: boca abajo y de lado, como escuchando el latido de la tierra. Si es que ésta tiene todavía corazón".Y añade: "Lo normal a los tres años es que te hagas el muerto y no que lo seas, que sea divertido mojarte, que prefieras las olas grandes a las pequeñas, que le pidas al hermano mayor que te entierre vivo para que saques la cabeza y después, con el cuerpo embadurnado en arena, corras muy deprisa hacia el mar. Lo normal a los tres años es que poses para una foto en un lugar como éste que ven y que nadie tenga que pixelarte la cara".El escritor argentino Enrique Valiente Noailles dice que la foto del niño sirio muerto, al intentar sus padres huir de un destino de guerra y miseria, representa la "desolación en estado puro".Coloca a esa fotografía dentro del conjunto de las de alto impacto que conmovieron a una época, como las que retrataron a las personas tirándose desde las torres del World Trade Center, en un acto de desesperación.O la que mostró a aquel hombre solo, parado frente a una columna de tanques en la plaza de Tiananmen, en Pekín, y que devino en un ícono de la resistencia y de la dignidad ante el poder totalitario.Las imágenes, en suma, a veces lo dicen todo. Y tienen la capacidad, como el caso del cuerpo muerto de Aylan Kurdi, de sacudir nuestra visión complaciente o estúpidamente conformista del mundo.Por lo demás, la muerte de un niño, en las condiciones de desesperación en las que ese pequeño quedó atrapado, muchas veces nos hace perder la fe en la condición humana.
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