Esas instituciones, esa realidad
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Día a día diversos elementos de la vida de nuestro cuerpo socio-institucional abren, empujan, sostienen y actualizan el debate acerca de este tema harto profundo mencionado en el artículo del domingo pasado: la cuestión de las instituciones, sus dimensiones sociológicas, su dinamismo y la necesidad que se dinamicen.María Agustina DíazOpinión Hace tan sólo 3 días atrás los hechos acontecidos en torno a la lectura de la sentencia de la llamada "Causa Harguindeguy" reanima el debate y nos lleva a la reflexión sobre el poder y la institución judicial argentina.Sin lugar a dudas han sido años de un inédito e indiscutido avance en materia de juicios y condenas relacionados a los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar. Cientos de juicios se han abierto a lo largo y ancho de todo el país federalizando la bandera de los derechos humanos y el acceso a la justicia de los familiares de las víctimas y los sobrevivientes. En ellos se han hecho presentes escalofriantes testimonios de cárceles clandestinas y torturas, hijos huérfanos, adultos que cuando niños fueron apropiados, viudas, madres y padres con una fotografía siempre joven colgada del cuello. Allí se hicieron presentes los que estuvieron invisibilizados por décadas. Y allí hicieron su aparición comprometidos abogados y jueces que marcaron a fuego pasos en ese camino hacia el Nunca Más.Veinte oscuros años de decepción y descreimiento, de resistencia y lucha, habían transcurrido desde el retorno de la democracia hasta que se logró la re-apertura de los juicios, porque leyes votadas en el Congreso de la Nación Argentina por las fuerzas políticas democráticamente electas para ejercer la soberanía popular habían fijado los famosos principios de la "obediencia debida" y el "punto final". A ellas les continuaron los indultos -facultad legítima del Poder Ejecutivo Nacional elegido democráticamente por el pueblo-¿Por qué señalo el carácter legítimo de ambos acontecimientos (la sanción de las leyes de la impunidad y los indultos)? Para señalar cómo las instituciones en su correcto funcionamiento pueden comprender actos de profunda injusticia y necedad.También se desarrolló dentro de los parámetros legalmente instituidos la causa que comprende la desaparición de Marita Verón y todos conocemos su amargo desenlace. También deja esa extraña sensación la lectura de la sentencia que esperaban ansiosos los familiares de aquellos que hace más de 25 años están esperando una respuesta, esperando un relato de verdad, esperando un reconocimiento, después de todo, esperando justicia.Esto no busca deslegitimar bajo ningún aspecto las instituciones que comprenden los 3 poderes del Estado sino, por el contrario, ahondar en la discusión sobre cómo estas instituciones deben conformarse y, también, transformarse.No hablo aquí de esa antigua discusión tan abundante en la ciencia política acerca si nuestro sistema presidencialista debe mutar a uno de corte parlamentarista, un debate teñido de un fuerte sesgo eurocéntrico y un cierto desprecio por las características más básicas de nuestro ser social. Hablo, por el contrario, de fortalecer esas instituciones de cara a principios de justicia ampliados, profundos, efectivos.Implicará un proceso de discusión democrática que deberá atravesar los resortes más naturalizados de nuestro ordenamiento político, social y cultural. Desde las instituciones educativas que nos forman, hasta las instituciones que forman a quienes forman. Desde las instituciones de seguridad hasta las de justicia.La cadena perpetua del jueves 27 es un paso adelante. Pero ¡cuánto nos falta! La vigencia del Nunca Más nos exhorta a todos. *Licenciada en Ciencia Política / Asesora de la Casa Entre Ríos
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