Esas trágicas historias que no tienen explicación
El caso del padre que mató a su hijo, aduciendo que había disparado en realidad contra un monstruo, y el de la madre que cometió filicidio para vengarse de su ex marido, ejemplifican conmovedoramente el lado oscuro de la condición humana, en su aspecto más doloroso."No maté a mi hijo, maté al monstruo en que se convirtió". Eso declaró Roberto Iturrieta (57) al explicar que baleó en autodefensa a su hijo Martín (30), quien tenía problemas con la droga."Le dije que se vaya, pero se me vino encima con la cuchilla como para matarme, y yo le tiré", afirmó el hombre que hoy está imputado por el delito de homicidio agravado por el vínculo.Pero su abogado intentará cambiar esa acusación por la de legítima defensa. La circunstancia atenuante es que en estado de emoción violenta, y supuestamente drogado, su hijo intentó antes matarlo.La historia tiene todos los condimentos de una verdadera tragedia, en la que los personajes que intervienen en ella, padre e hijo, protagonizan un desenlace fatal antinatural.¿Qué fuerza ciega, que demonio hubo de desatarse, para que un hijo -según el relato del padre- intente parricidio, y aquel se viera obligado a dispararle en defensa propia?Según el testimonio de Roberto Iturrieta, el hijo al que se vio obligado a dispararle ya no era Martín sino otra entidad, un "monstruo" le llama. Y achaca a la droga la destrucción de la personalidad de su hijo. "¡Pobre Martincito! Últimamente estaba muy enfermo", dijo con voz quebrada.Martín Iturrieta, que es padre a su vez de tres hijos, había pasado algunos períodos en distintos centros de rehabilitación de adicciones. "Mi hija me dijo que cuando fumaba paco se ponía así. Yo no sabía que fumaba paco, creía que se drogaba con Rivotril y alcohol", cuenta el padre.En tanto, semanas atrás el país se vio conmovido por una historia aberrante en la cual una madre mató a su hijo, aparentemente para vengarse de su ex esposo. El caso, tanto o más impactante que el anterior, trascendió las fronteras de la Argentina, ya que fue titular de los diarios extranjeros.El nene de 6 años fue hallado sin vida en el baño (presuntamente ahogado) de una casa del country San Eliseo. Por el hecho está detenida su madre, Adriana Cruz, quien confesó a un periodista que asesinó a su hijo para "cagar al padre".
La madre, según los reportes periodísticos, estaría atravesando problemas psiquiátricos y un complicado proceso de divorcio con su marido. ¿Puede la venganza de una mujer, ante al abandono del marido, llegar al colmo del filicidio?Resulta difícil hallar una explicación. Sin embargo, la reacción es similar a la que hizo Medea, personaje de una tragedia griega que asesinó a los hijos para castigar a Jasón, su pareja.En la obra de Eurípides (480-406 a.C.), la acción comienza cuando Medea se entera que va a ser abandonada por Jasón, que quiere unirse a la joven Glauce, hija del rey Creonte, lo que puede proporcionarle más poder y prestigio.Medea, en su venganza, decide que no quiere matar a Jasón, sino que prefiere infligirle el mayor dolor posible, matando a sus hijos. Jasón, por su afán de poder, transgredió su matrimonio, y generó la terrible reacción de Medea.¿Es el conflicto entre el egoísmo sin límites del hombre y la pasión sin límites de la mujer, como creen algunos observadores? ¿No será el caso de Medea, y por extensión el de Adriana Cruz, un drama universal?Frente a estas historias, en suma, en las que la violencia y la muerte se entrecruzan, bajo la opresión de una especie de demonio que domina la escena, la razón queda descolocada.
La madre, según los reportes periodísticos, estaría atravesando problemas psiquiátricos y un complicado proceso de divorcio con su marido. ¿Puede la venganza de una mujer, ante al abandono del marido, llegar al colmo del filicidio?Resulta difícil hallar una explicación. Sin embargo, la reacción es similar a la que hizo Medea, personaje de una tragedia griega que asesinó a los hijos para castigar a Jasón, su pareja.En la obra de Eurípides (480-406 a.C.), la acción comienza cuando Medea se entera que va a ser abandonada por Jasón, que quiere unirse a la joven Glauce, hija del rey Creonte, lo que puede proporcionarle más poder y prestigio.Medea, en su venganza, decide que no quiere matar a Jasón, sino que prefiere infligirle el mayor dolor posible, matando a sus hijos. Jasón, por su afán de poder, transgredió su matrimonio, y generó la terrible reacción de Medea.¿Es el conflicto entre el egoísmo sin límites del hombre y la pasión sin límites de la mujer, como creen algunos observadores? ¿No será el caso de Medea, y por extensión el de Adriana Cruz, un drama universal?Frente a estas historias, en suma, en las que la violencia y la muerte se entrecruzan, bajo la opresión de una especie de demonio que domina la escena, la razón queda descolocada.
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