Escuchar, hablar y comprender en Navidad
Esta noche es seguramente la más importante del año no sólo para los cristianos y creyentes. Toda la humanidad se toma como obligación un tiempo importante para reflexionar.
Cada uno echa una mirada hacia el pasado que concluyó un segundo antes. Empieza a pensar hacia dónde dirigir la mirada, y también a apuntar las acciones que tendrá que concretar.
Para que todo sea mejor. Lo que pasa, es que ese "mejor" que supongo para "mi", tiene que tener la carga de generosidad y entrega que marcó desde siempre y para siempre, la Nochebuena. las convicciones.El mensaje de esta Navidad conlleva particularmente para nosotros, la necesidad urgente de recomponer el espíritu de respeto y tolerancia que el cuerpo social ha perdido.Las voces, los dichos, las palabras, suelen transitar distintos andariveles la mayoría de las veces. Unos van, otros vuelven. Algunos alzan la voz, otros se esconden. Otros actúan y muchos más callan.Qué perseguimos, qué buscamos, que queremos de nosotros mismos y de todos los que nos acompañan en lo que debiera ser la comunidad, de manera constante.Qué podemos y debemos hacer para poner en claro ideas y objetivos de conjunto, sino aplicar grandes dosis de tolerancia.Ese bien escaso, ausente en gran medida en la mayoría de quienes somos humanos, tiene necesariamente que ser adoptado como un disparador de encuentro, de reunión, sobre todo y fundamentalmente para encarar los temas trascendentes.No sabemos si existe una dosis alta de ingenuidad en estos conceptos. Si, sabemos que son tiempos tan particularmente controversiales los que enfrentamos en la vida diaria, que ni siquiera los problemas de menor cuantía llegamos a resolver adecuadamente por lo que debiera ser el bien general.Esta es una noche de reflexión. Hacia nuestro interior para fortalecer las convicciones, pero también para limpiar los elementos que tiñen a veces la objetividad, la prudencia.Por desgracia ha ido creciendo en la sociedad el concepto de imposición por distintos métodos, de ideas egoístas o que obedecen a intereses circunstanciales.Hoy debemos proponer a nosotros mismos, una nueva manera de enfrentar la vida cotidiana y sus avatares. Asumir los cambios necesarios para lograr construir una sociedad mejor.La mesa navideña no sólo debe ser una oportunidad festiva, o de meros recuerdos. El significado amplio y generoso del Nacimiento de Nuestro Señor, tiene que servir de ejemplo en serio, no encerrado en palabras huecas sobre cuánto resta para lograr el ansiado mundo mejor.La injusticia que oprime a millones de hermanos excluidos, debe ser enfrentada sin dilaciones por nuestros gobernantes y por todos y cada uno de los ciudadanos.De manera fundamental por la sociedad íntegra, comprometida con una acción constante para conseguir el auténtico cambio de la realidad.Falta escuchar más. También como afirmamos ya, hablar menos. Y sobre todo comprender que no sólo cada uno de nosotros es el artífice de su propio destino.Tenemos sobre sí, el más grande compromiso que es el de lograr un mundo generosamente compartido en sus cosas buenas, y concretar un cambio profundo en las malas que tanto dolor nos producen, casi irremediablemente, en esta vida terrenal.El desafío tiene que concretarse ahora. Para siempre. Para un mundo mejor. Feliz Navidad para todos.
Cada uno echa una mirada hacia el pasado que concluyó un segundo antes. Empieza a pensar hacia dónde dirigir la mirada, y también a apuntar las acciones que tendrá que concretar.
Para que todo sea mejor. Lo que pasa, es que ese "mejor" que supongo para "mi", tiene que tener la carga de generosidad y entrega que marcó desde siempre y para siempre, la Nochebuena. las convicciones.El mensaje de esta Navidad conlleva particularmente para nosotros, la necesidad urgente de recomponer el espíritu de respeto y tolerancia que el cuerpo social ha perdido.Las voces, los dichos, las palabras, suelen transitar distintos andariveles la mayoría de las veces. Unos van, otros vuelven. Algunos alzan la voz, otros se esconden. Otros actúan y muchos más callan.Qué perseguimos, qué buscamos, que queremos de nosotros mismos y de todos los que nos acompañan en lo que debiera ser la comunidad, de manera constante.Qué podemos y debemos hacer para poner en claro ideas y objetivos de conjunto, sino aplicar grandes dosis de tolerancia.Ese bien escaso, ausente en gran medida en la mayoría de quienes somos humanos, tiene necesariamente que ser adoptado como un disparador de encuentro, de reunión, sobre todo y fundamentalmente para encarar los temas trascendentes.No sabemos si existe una dosis alta de ingenuidad en estos conceptos. Si, sabemos que son tiempos tan particularmente controversiales los que enfrentamos en la vida diaria, que ni siquiera los problemas de menor cuantía llegamos a resolver adecuadamente por lo que debiera ser el bien general.Esta es una noche de reflexión. Hacia nuestro interior para fortalecer las convicciones, pero también para limpiar los elementos que tiñen a veces la objetividad, la prudencia.Por desgracia ha ido creciendo en la sociedad el concepto de imposición por distintos métodos, de ideas egoístas o que obedecen a intereses circunstanciales.Hoy debemos proponer a nosotros mismos, una nueva manera de enfrentar la vida cotidiana y sus avatares. Asumir los cambios necesarios para lograr construir una sociedad mejor.La mesa navideña no sólo debe ser una oportunidad festiva, o de meros recuerdos. El significado amplio y generoso del Nacimiento de Nuestro Señor, tiene que servir de ejemplo en serio, no encerrado en palabras huecas sobre cuánto resta para lograr el ansiado mundo mejor.La injusticia que oprime a millones de hermanos excluidos, debe ser enfrentada sin dilaciones por nuestros gobernantes y por todos y cada uno de los ciudadanos.De manera fundamental por la sociedad íntegra, comprometida con una acción constante para conseguir el auténtico cambio de la realidad.Falta escuchar más. También como afirmamos ya, hablar menos. Y sobre todo comprender que no sólo cada uno de nosotros es el artífice de su propio destino.Tenemos sobre sí, el más grande compromiso que es el de lograr un mundo generosamente compartido en sus cosas buenas, y concretar un cambio profundo en las malas que tanto dolor nos producen, casi irremediablemente, en esta vida terrenal.El desafío tiene que concretarse ahora. Para siempre. Para un mundo mejor. Feliz Navidad para todos.
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