Escuela: un espacio donde se coló la furia
Alumnos contra alumnos, alumnos contra maestros, padres contra maestros, alumnos contra padres y maestros contra todos. ¿Qué se quebró en la escuela para que la beligerancia se instale en su corazón? De un tiempo a esta parte, los problemas escolares saltan a la sección "policiales" de los diarios. Una migración noticiosa que es la punta del iceberg de una mutación más vasta y compleja.Aquí los agresores no se ajustan al estereotipo del marginal o del delincuente común. Encarnan a actores de una de las instituciones básicas y a la vez más veneradas de la sociedad: la escuela.El fenómeno social es registrado por algunas mediciones inquietantes. El gremio docente Ctera suele advertir que hay 3 casos por día de violencia escolar.En junio de este año, la Unión Docentes Argentinos (UDA), que reúne a 2.000 afiliados, publicó una encuesta en la que se dice que 3 de cada 5 maestros había pedido licencia por problemas psicológicos, de estrés o de deterioro físico a raíz de la violencia escolar.Para muchos expertos en pedagogía, se trata de una tendencia en crecimiento que ha puesto a la educación en una verdadera encrucijada histórica.Hay un diagnóstico primario en el que parecen coincidir todos: la escuela es caja de resonancia más que causa eficiente del problema. Es decir: la violencia es anterior a ella.Un razonamiento que, genéricamente, se puede compartir toda vez que las instituciones no existen aisladas de la sociedad, sino dentro del fluir de las relaciones entre sus miembros.Además, si alguna vez la familia se hacía cargo de la socialización primaria de los chicos, y la escuela, de la socialización secundaria, esa alianza parece haberse resquebrajado.Familia y escuela no funcionan como tandem. Ejemplo palmario de lo cual es el enojo mutuo que se profesan, en no pocos casos, padres y maestros. De hecho es factible observar que entre ellos reinan cierta desconfianza y recelo.¿No es la escuela, acaso, el sitio privilegiado en que deben inculcarse valores esenciales como la tolerancia y la convivencia? Se explica, desde este punto de vista ideal, la contradicción que entraña la presencia de la violencia en sus muros.La mutación al interior del recinto escolar tiene características que han puesto en crisis determinadas categorías. Por ejemplo, profesores y preceptores dicen que desapareció la llamada "indisciplina social", como hacer 'saltar los tapones' de la escuela o pinchar las gomas de los autos de los docentes.Ahora lo que hay son chicos más abúlicos, más anómicos (sin norma), a los que no les importan mucho las amonestaciones. Además las autoridades de los colegios reconocen que si en otra época los padres iban al colegio si el chico repetía, ahora muchos de ellos no se movilizan.Gustavo Iaies, experto en educación y director del Centro de Estudios de Políticas Públicas (CEPP), en una entrevista con el diario La Nación, diagnosticó que la escuela supone cierto orden social, en el sentido de que hay normas que se aplican, y que detrás de la crisis de este orden está la deserción de los adultos."Está faltando, en principio, tenerle miedo a alguna autoridad, saber que si te mandás una macana hay una norma que se va a cumplir y que vas a tener un problema", afirmó.Y añadió: "Hay un punto en donde los pibes tienden a ser a veces muy violentos, y parte de la educación es justamente que puedan asimilar algunos valores, y eso está ocurriendo poco, muchos pibes se encuentran con unos papás que están ausentes o son tan violentos como ellos".Cuando la norma no rige, en suma, se impone la lógica de la furia.
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