Ese tópico humano que se suele ignorar
¿Es cierto que la actual sociedad vive de espaldas a la muerte? ¿Que la civilización light lleva a olvidar, entretenida como está, ese hecho irrevocable que nos enfrenta al drama humano?Vargas Llosa se queja del afán de diversión que como una pasión totalitaria, sobre todo en Occidente, viene banalizando todo lo que toca. La frivolización ha llegado a extremos inauditos, diagnostica el premio Nobel de Literatura.La propensión a pasarla bien, con el sólo objeto de escapar del aburrimiento universal, lleva a evitar lo que perturba, preocupa y angustia. El espíritu de nuestro tiempo, así, ha invisibilizado aquellos graves tópicos de la humanidad: el dolor, la muerte, el misterio y la frustración.Hace poco el filósofo y escritor italiano Umberto Eco se lamentaba del tratamiento superficial que hace de la muerte la actual generación, señalando que hemos perdido la capacidad de aceptarla.La religión, la mitología y los rituales antiguos- escribió-, lidiaban con ella en otros términos, en un esfuerzo por hallarle sentido. Al cabo, la hacían más familiar, más allá de los excesos sádicos que pudiesen existir.Hoy les enseñamos a los contemporáneos, sostiene Eco, "que la muerte ocurre lejos de nosotros, en los hospitales; que los dolientes no tiene necesariamente que acompañar al ataúd al cementerio; que ya no vemos a la muerte".La muerte, en realidad, nos viene como "espectáculo", de modo diferido, y en sobredosis. A través del cine y la televisión, donde los actores fingen morirse. También por el consumo de noticias truculentas, que hablan de choques, de la muchacha que fue violada y asesinada, o de las víctimas de un asesino serial.Pero en esos casos no vemos los cuerpos torturados, lo que nos afecta menos visceralmente. A lo sumo nos quedamos con la imagen de dolor de los amigos y los padres.Concluye Eco: "La muerte ha desaparecido de nuestro horizonte de experiencia inmediato. El resultado es que habrá más gente aterrada cuando llegue el momento de enfrentarse al hecho que ha sido nuestro destino desde el nacimiento. Un destino que los hombres sabios dedican toda su vida a aceptar".Entre tanto Jorge Fernández Díaz, del diario La Nación, utilizó recientemente su habitual columna política, para testimoniar una experiencia personal: cómo la muerte de su papá le cambió la vida a los 45 años, liberándolo de su prisión, según cuenta."Después de treinta y tres días de coma y desintegración física, mi padre tuvo la precaución de morirse. Aturdido por una tristeza demoledora, fui llevado por enfermeros a reconocerlo. Estaba destrozado, sobre la camilla última, y cuando lo vi me imaginé a mí mismo dormido para siempre, y a mi hijo parado donde yo estaba contemplándome con dolor", relató.Y apuntó: "Fue durante ese preciso instante, dentro de ese fogonazo de lucidez (yo soy el próximo, pensé), en que decidí cambiar mi vida. La sensación de finitud, tantas veces racionalizada, me bajó por fin al cuerpo, y recontratar todo para seguir adelante de manera más plena se transformó en una desesperante misión".El filósofo Martín Heidegger opinaba que el ser humano lleva en su interior no sólo su propia vida sino asimismo su propia muerte. Pero es característico de las personas considerar la muerte como algo exterior, y no como una fatalidad inherente al ser.Por eso creía que una de las mayores ilusiones consiste en olvidar que la vida se halla de algún modo cautiva de la muerte. Nuestra sociedad hedonista y del espectáculo, ¿acaso cayó presa de esta ilusión?
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

