Estado fallido, una definición polémica
En años recientes varios analistas políticos han etiquetado a muchos países como Estados fallidos, aunque las expresiones de este tipo son riesgosas, porque pueden estar interesadas. Al gobierno mexicano, por ejemplo, no le gustó nada que el presidente uruguayo José Mujica haya empleado el término, cuando opinó sobre el caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala.El gobierno de Peña Nieto se quejó y entonces el mandatario uruguayo, a través de un comunicado oficial, se rectificó señalando que naciones como México, Guatemala y Honduras "no son, ni serán estados inocuos o fallidos".Y esto "porque tienen cimientos históricos de naciones precolombinas, tienen capital político en sus partidos y en sus decisiones democráticas, que están por encima de sus vicisitudes de hoy".El incidente revela que "fallido" es un calificativo controversial y que es lógico que los gobiernos se escandalicen al ser rebajados de tal manera, porque connota una pérdida del ejercicio pleno del poder.En principio la palabra describe la incapacidad de los Estados para garantizar la seguridad y la estabilidad. Pero la noción no deja de ser vaga y se puede prestar a confusión.Como señala el académico peruano Javier Alcalde "no queda claro si la concepción de falencia o fracaso se refiera al aparato del Estado, a la organización de la nación, o al Estado-nación en su conjunto".Alcalde, al tratar de precisar la expresión de Estado fallido, habla de un "un grupo humano probablemente incapaz o incompetente para el autogobierno".En un entorno internacional marcado por disputas de poder e influencia, las palabras no son inocentes. Que se diga que un país no está en condiciones de gobernarse a sí mismo, ¿no puede acaso servir como pretexto para una intervención internacional?Hace poco el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, dijo que Siria, envuelta en una dramática guerra civil, es cada vez más un "Estado fallido".Aquí lo fallido describe una situación donde las instituciones estaduales han llegado a un nivel de debilitamiento tal que han perdido la capacidad de enfrentar con éxito los desafíos que plantea una lucha intestina.Habría fracasos en la gobernanza, además, cuando el poder estatal nada puede hacer ante la violencia interna, la proliferación del crimen organizado y el desarrollo de movimientos "terroristas".Un Estado fallido se caracterizaría, por otro lado, por un fracaso social, político y económico que ponga al país en cuestión al borde de la disolución o guerra civil.A nivel internacional Argentina entró en esta conceptualización en 2002, tras la abrupta caída de su economía. Se recuerda al respecto la propuesta del economista del MIT Rudiger Dornbusch, quien aconsejó en esa época intervenir el país con equipos del Primer Mundo para manejarle la moneda, el gasto público y los impuestos.En la ocasión Dornbusch recordó la experiencia de Austria después de la Segunda Guerra Mundial cuando la Liga de Naciones nombró a un comisionado para asegurar que se realizaran las reformas que los austríacos necesitaban.Así como los politólogos han acuñado la expresión "Estado fallido", también han elaborado otras etiquetas controversiales. Hablan del "Estado canalla", por ejemplo, para designar a un régimen autoritario que propicia el terrorismo y es una amenaza global.También existe el "Estado paria" y sería aquel caracterizado por el aislamiento diplomático, y que suele ser censurado en los foros internacionales por las Naciones Unidas.
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