Estados alterados por la economía
Los argentinos suelen mudar de humor y conducta ante golpes al bolsillo. Y ante escenarios que, como el actual, activan la memoria de viejas y conocidas debacles financieras.Las encuestas de opinión dan cuenta que la mayoría de la población está preocupada por el curso de los acontecimientos económicos. Al fenómeno de estanflación (recesión + inflación) se le ha agregado últimamente la palabra 'default', que evoca imágenes del año 2001.Buena parte de la sociedad está dominada por el pesimismo y por el miedo a que la situación general del país empeore sustancialmente y que se repitan esos típicos barquinazos del pasado.El temor latente a perder lo que se tiene -caída de los ingresos o del empleo- genera angustia e incertidumbre. Pero se trata de un cuadro anímico conocido en estas pampas, donde la gente parece haberse acostumbrado al hecho de que cada cierto tiempo (¿diez años?) se produce un bajón económico.En estos contextos negativos los individuos adoptan mecanismos defensivos, que al cabo repercuten en el conjunto de la economía. Por ejemplo, los que tienen excedentes monetarios salen a comprar dólares.Pensando que lo que se viene es peor, están los que salen a vender activos -casas, acciones, terrenos- porque es mejor tener 'cash' (efectivo). Los empleados en relación de dependencia, por su lado, trabajan más de la cuenta por temor a perder el empleo.Algunos empresarios restringen la producción antes incluso de que caiga la demanda para no acumular stock. Las amas de casa, y el consumidor en general, retraen sus compras y evitan endeudarse.Todas estas acciones, motivadas por el miedo, tienen un efecto global deprimente sobre la propia economía, agravando en algunos casos la crisis financiera (el precio del dólar 'blue' o paralelo se dispara por la mayor demanda), y haciendo que la recesión se profundice por caída de la demanda.En la Argentina del eterno retorno -donde el pasado vuelve cíclicamente- la memoria ocupa un papel central. Marcados por medidas extremas y exóticas, como devaluaciones drásticas, racionamientos compulsivos de la divisa o de los bienes, planes de "ahorro forzoso", llamaradas inflacionarias, fuga masiva de divisas, entre otros eventos traumáticos, los argentinos se erizan cuando la coyuntura reedita situaciones parecidas.Últimamente la pelea con los 'holdouts' hace que la memoria colectiva no pueda evitar recordar las penurias asociadas a la crisis de la deuda de los '80, la crisis financiera de los '90, y la debacle de 2001.Esas crisis han dejado secuelas en la psique de los argentinos, haciendo que la zozobra económica de la coyuntura eleve automáticamente los niveles de estrés y agresividad.Como sea, están quienes piensan que la sociedad argentina, habituada al sube y baja de la economía, tiene la piel curtida. Su capacidad de resiliencia, de sobreponerse y adaptarse con éxito a la adversidad, le agrega un plus especial.Todo lo que no mata, fortalece, decía el filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), para quien las dificultades de la vida ejercitan el carácter, haciéndolo más resistente.Algunos estudiosos de la opinión pública consideran que la memoria de la crisis de 2001, que dejo un trauma en la sociedad, aumenta la tolerancia frente al presente.Ésa es la vara con la que los argentinos medirán, por mucho tiempo, su grado de satisfacción con la realidad social. En la medida en que la caída no reitere el descalabro de entonces, en que hubo un estallido que se llevó puesto a un gobierno, habrá conformismo social.
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