Estados Unidos y la fascinación por la violencia
La matanza en un cine de Denver, Estados Unidos, que produjo conmoción mundial, se inscribe en una seguidilla de episodios de este tipo surgidos de una matriz cultural donde es factible rastrear hasta cierta delectación por la violencia.La masacre que perpetró James Holmes, una de las peores en la historia del país por el número de afectados, repite los rasgos básicos de hechos que no son nuevos en Estados Unidos: ataques a mansalva por parte de una persona trastornada.El hecho de que este estudiante de neurociencias de 24 años de edad haya abierto fuego contra decenas de personas que disfrutaban de un estreno de la película 'Batman', es revelador en un punto, si se piensa en la tendencia de Hollywood a producir filmes violentos.¿Es James Holmes un psicótico sin representación, en el sentido de que protagonizó un acto de locura singular y por tanto atípico? ¿O más bien hay que entender al personaje en un contexto en el cual la violencia, la sangre y el crimen son, como ha escrito un norteamericano, "la salsa imprescindible que condimenta la gran hamburguesa nacional"?A nadie que haya sido influenciado por el hegemónico cine de Estados Unidos le pasa desapercibida la figura del cowboy y la manera de resolver sus disputas a los tiros. Dicho vaquero, que adquirió trascendencia histórica en la segunda mitad del siglo XIX, es pintado por el género western como alguien que porta habitualmente armas de fuego y es muy diestro en su uso.Por lo demás, la industria del entretenimiento en Estados Unidos (cine, televisión y otros medios) es casi monotemática a la hora de exhibir imágenes de violencia, historias sanguinarias y macabras, con una eficacia sin parangón.La duda que plantea esta oferta es si ella recoge pautas culturales preexistentes o la industria utiliza esta temática porque la violencia en la pantalla vende.Paul Verhoeven (el director de 'Robocop' y 'Basic Instinct') afirmó al respecto: "El arte es el reflejo del mundo. Si el mundo es horrible, el reflejo en el espejo es horrible". En otras palabras, Hollywood reproduce los valores de Estados Unidos, y si las imágenes son demasiados agresivas o violentas los responsables no son sus productores sino los excesos de la vida norteamericana misma.Los expertos en el país del norte polemizan todavía si verdaderamente las conductas observadas en la televisión y el cine son adoptadas luego por las personas en la vida real.Lo cierto es que muchos especialistas, como es el caso del psiquiatra español Luis Rojas Marcos, creen que en Estados Unidos existe una fascinación especial por la violencia.Paralelamente la vida real norteamericana resulta igualmente violenta. El sociólogo Kieran Healy publicó en su blog, el mismo día de la matanza de Denver, dos gráficos que posicionan a Estados Unidos como el país con la mayor cantidad de asesinatos, aunque la comparación excluye a Estonia y México.Mientras tanto James Holmes, el principal acusado de la masacre de Denver, actuó hiper-armado. El joven pudo comprar libremente cuatro armas de fuego, decenas de explosivos y más de 6.000 municiones. Ahora en ese país se ha reinstalado el debate sobre la "laxitud" de las leyes que regulan la comercialización, portación y uso de armas.Dicha legislación, según los analistas internacionales, cala hondo en la cultura dominante norteamericana y en una buena porción de los votantes. Se habla incluso de la enorme capacidad de lobby que tiene la National Rifle Assocation, y el miedo de los políticos de cambiar el statu quo jurídico.De acuerdo con la consultora Gallup, el 45% de las familias norteamericanas tiene un arma de fuego en sus casas.
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