Estimular las inquietudes científicas de los chicos
Educar no es sólo inculcar saber. Es despertar ese rico potencial de creación que anida en los más jóvenes. Es una de las lecciones que nos da el equipo de la EET N°2 "Presbítero José María Colombo", que participará estos días del certamen pre-universitario más importante del mundo.Los alumnos Francisco David Rodríguez y Oleg Nicolás Tamansky, y el profesor Mario Ignacio Rivas, miembros del Club de Ciencias de ese colegio, participarán, del 13 al 18 de mayo, de la Feria Internacional, Intel-Isef, que se realiza en Pittsburgh, Estados Unidos.Allí se reúnen alrededor de 1.500 jóvenes provenientes de más de 50 países, a competir por becas y premios. El equipo de Gualeguaychú expondrá "Cuidatronic", uno de los seis proyectos que representarán al país en ese ámbito.¿Cómo ha sido posible que esos dos adolescentes locales desarrollaran un proyecto de altísimo nivel de profesionalismo? Sin lugar a dudas han jugado aquí factores individuales, pero esas cualidades personales no se hubieran potenciado sin un entorno educativo adecuado.Es un mérito de la Escuela Técnica, a través del Club de Ciencias, haber sabido incentivar, alentar y fomentar el espíritu investigativo de estos chicos que hoy se convierten en embajadores culturales de la ciudad, la provincia y el país.También ha sido clave el rol de tutor y asesor del profesor Mario Ignacio Rivas, alma mater del Club de Ciencias, y una influencia poderosa en sus discípulos, a quienes ha contagiado ese inconformismo que se necesita para emprender cualquier aventura intelectual.Porque no hay creatividad, no hay posibilidad de explorar nuevos horizontes, sin cuestionar y poner en crisis el statuo quo. La ciencia y la tecnología, justamente, han crecido desafiando lo establecido.Otros rasgos asociados a la creatividad son la capacidad de arriesgarse, la independencia, la productividad y la perseverancia. Hay razones para suponer que, en este caso, un clima para la enseñanza creativa potenció las condiciones de David Rodríguez y Nicolás Tamansky.En ellos, evidentemente, existe una mirada curiosa, hambrienta de conocimiento, incómoda por no saber, que hizo posible idear un dispositivo tecnológico innovador orientado a satisfacer un tipo de necesidad humana.Cuidatronic, en efecto, es un sistema electrónico orientado a colaborar con las personas encargadas del cuidado de enfermos y ancianos. Es un auxiliar para que el enfermero o cuidador pueda proporcionar medicación en forma reiterada en cantidad, dosis y horarios, sin cometer errores u olvidos.¿Cómo identificar al individuo creativo? O mejor, ¿qué debe hacerse para que más jóvenes se interesen por la ciencia, con la idea de multiplicar este tipo de experiencias que hoy enorgullecen a la EET N°2?La pregunta se la trasladó esta diario al profesor Rivas. Su respuesta es que la picazón por conocer está ya en los alumnos de la primaria. Allí, dentro de esas cabecitas, el mundo aparece como un gran interrogante.Es decir en la capacidad de esos niños de interrogarse está la cosa. La clave pasa, según él, por la respuesta que dan los adultos a las preguntas planteadas: o la eluden, aplastando la inquietud intelectual, o ensanchan ésta satisfaciendo la demanda planteada.Se sabe, por otro lado, que la idea no es cerrar la discusión sino mantener viva la inquietud. Porque la inteligencia crece formulando preguntas fecundas, que disparan nuevos esfuerzos de investigación y aprendizaje.Es el gran desafío de maestros y profesores: alimentar la mirada inquisitiva de sus alumnos.
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