Europa o el retorno del chauvinismo político
¿Está de regreso el tribalismo nacionalista, sustancia de los fascismos violentos que ensangrentaron a Europa? Así como Adolf Hitler ascendió en un contexto de penuria, el exclusivismo chauvinista es el nuevo fantasma que sobrevuela el Viejo Continente en crisis.Lo acaba de plantear sin anestesia Felipe González, ex presidente del gobierno español, al señalar que el crecimiento político del extremismo nacionalista, cargados de discursos xenófobos y refractarios a la integración europea, es una amenaza real.La gobernanza de las democracias representativas que conforman la Unión Europea está en crisis, y esto alienta el retorno de partidos racistas e intolerantes, como el Amanecer Dorado en Grecia, que aboga por expulsar a todos los extranjeros y minar las fronteras, al tiempo que asegura que los griegos son una raza superior."El nacionalismo ha sido el virus que ha destruido a Europa durante la primera mitad del siglo XX", recuerda González, en un reciente artículo. Se olvida, refiere, que la construcción de un espacio común compartido, ha servido a Europa para superar "esa patología que la llevó al enfrentamiento durante siglos".Del impulso por superar el chauvinismo político y cultural "nació el ethos de la paz, la libertad y la cooperación solidaria entre adversarios históricos, para desarrollar lo que hoy llamamos Unión Europea", destacó.El eclipse del concepto de Europa como "unidad de destino", abre puertas y ventanas "a la política étnica y nacionalista", viene advirtiendo desde hace tiempo el sociólogo alemán Ulrico Beck.Beck está asustando por las fuerzas que "avivan el odio hacia Europa en Europa". Es que la idea de la integración es vapuleada hoy por grupos políticos afines ideológicamente al fascismo y al nazismo (dos inventos europeos).El radicalismo xenófobo gana predicamento entre las clases medias y bajas, arruinadas por el ajuste económico en marcha. Desencantados con los partidos tradicionales, esos sectores caen seducidos por teorías conspirativas que atribuyen todos sus males al extranjero o a supuestos enemigos detrás de escena.Hay un parecido temible con el pasado, cuando las condiciones socioeconómicas que sepultaron las esperanzas de esas clases, fueron el caldo de cultivo para que Adolf Hitler ascendiera en los años treinta.La Gran depresión de 1929, período en el que varios bancos se declaraban en quiebra y millones de personas perdían sus empleos, generó una frustración popular en Alemania que dio cabida a la paranoia mesiánica del nazismo.Algunos analistas, en tanto, temen que la Unión Europea haga implosión, y se desate una belicosidad étnica similar a la hubo tras la división de la ex Yugoslavia (luego de la caída del comunismo).El término geopolítico escogido es "balcanización", que se usa para describir un proceso de fragmentación de una región o estado (la Unión Europea es un superestado) en partes más pequeños que son, por lo general, mutuamente hostiles entre sí.¿Es posible que franceses, alemanes, portugueses, italianos, y demás, regresen al chauvinismo y a la encerrona dentro de sus propios espacios? Se trata de una hipótesis plausible, si se cree que el tiempo es circular.El filósofo Friedrich Nietzsche creía justamente en el "eterno retorno", una interpretación de la historia según la cual los hechos vuelven a ocurrir con otras circunstancias, aunque básicamente son semejantes.Nietzsche veía el pasado en el futuro. ¿No es esta visión fatídica la que atormenta a un sector de la elite europea?
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