Evento que cambia el escenario político
La noticia de que la presidenta Cristina Kirchner tendrá que hacer reposo absoluto por un mes, tras habérsele detectado un cuadro cerebrovascular, conmocionó el escenario político de la Argentina. De acuerdo al relato del vocero presidencial, que comunicó la novedad en la noche del sábado, la mandataria habría sufrido un traumatismo de cráneo el 12 de agosto pasado.Pero al parecer ese golpe no tuvo síntomas y habría pasado desapercibido. Sin embargo produjo un cuadro de cefalea, según la evaluación reciente de los médicos que trataron por estas horas a la mandataria.Cristina Kirchner había sufrido el sábado fuertes dolores de cabeza y por eso fue al Hospital Universitario de la Fundación Favaloro. Tras horas de estudio, se le diagnosticó allí una "colección subdoral crónica".Se trataría de un hematoma con inflamación y sangre acumulada debajo del cráneo, cuya gravedad es un enigma. Ante la presencia del cuadro los médicos han recomendado reposo absoluto por lo menos por un mes.En un sistema presidencialista como el argentino, donde quien ocupa el poder ejecutivo es relevante, la aparición de una enfermedad incapacitante de su titular, genera lógica zozobra y especulaciones de todo tipo.Aunque en principio Cristina Kirchner dejaría de hacerse cargo de la conducción política del Estado por un tiempo, trascendió que todo depende a cómo evoluciona la enfermedad, lo que agrega un condimento de incertidumbre a la situación.La noticia llega en un contexto político especial: el oficialismo debe remontar el 27 de octubre próximo, en la elección de segundo término, el resultado electoral adverso de agosto, cuando tuvieron lugar las primarias (Paso).En circunstancias en que una enfermedad afecta la persona a cargo de la presidencia, todas las miradas están puestas en los mecanismos constitucionales destinadas a operar en estos casos.El tema adquiere un cariz más dramático en regímenes fuertemente personalistas como el argentino. En estas "democracias delegativas", como les llama el politólogo Guillermo O'Donnell, el presidente tiene un peso tan preponderante en el juego político, que el sistema se conmociona cuando le pasa algo a su titular.Aparecen entonces lógicos interrogantes sobre el ejercicio efectivo del poder. ¿En qué medida se verá afectado el rumbo del Estado, cuando es otra persona la encargada de llevar temporariamente las riendas de la administración?Según la Constitución Argentina, quien debe hacerse cargo del Ejecutivo, ante una situación de vacancia por enfermedad, es el vicepresidente y presidente del Senado, en este caso Amado Boudou.Hay otras cuestiones que plantean las enfermedades de los presidentes, aquí y en otras partes del mundo. Por lo pronto, el padecimiento presidencial se vuelve el tema sobre el cual opina todo el mundo, no sólo el sistema político.Hay regímenes que tienden a ocultar lo más posibles los males de sus jefes de Estado. El caso de Francia en este sentido es paradigmático: Georges Pompidou murió mientras ocupaba su cargo sin que la ciudadanía estuviese al tanto de la grave enfermedad que padecía y Francois Mitterrand estuvo enfermo durante sus dos mandatos presidenciales.Pero la tendencia al secretismo es cuestionada por quienes aseguran que a la ciudadanía le asiste el derecho a saber cuál es la salud real de la persona que ha elegido para dirigir al país durante un período determinado.
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