Extremismos ante la cultura del malestar
Tanto en Estados Unidos como en Europa se percibe un auge del extremismo político, de propuestas populistas y xenófobas, como corolario de un sistema sociopolítico en crisis. Los votantes europeos manifiestan su descontento frente a la crisis en la zona euro y buscan soluciones alternativas en las urnas. Las facciones radicales, tanto de derecha como de izquierda, se posicionan así en el contexto político.El dato es que los partidos de ideología extrema consiguen el apoyo de los votantes conectándose con el descontento por la crisis económica, en el marco de un gran nerviosismo social y un sentimiento antiinmigrante generalizado.La cultura del malestar es el caldo de cultivo para que un electorado desencantado con el sistema político tradicional premie en las urnas a las propuestas populistas anti-globalización y anti-inmigración.En toda Europa, y eso incluye a la tolerante Escandinavia (Suecia y Noruega), está en crisis el multiculturalismo, que postula la coexistencia de diferentes culturas y razas en una sociedad o país.Partidos diversos, que reivindican el nacionalismo racial y cultural, consiguen la adhesión de amplias franjas de votantes, a través de un llamamiento a luchar contra la multiculturalidad y sobre todo la "islamización" de Europa.Los analistas internacionales coinciden en señalar que el extremismo islámico, a través de Isis, ha fomentado deliberadamente el radicalismo europeo, por aquella ley dialéctica según la cual los extremismos se necesitan y se retroalimentan.Los terroristas de Estado Islámico, mediante asesinatos masivos, ya han logrado su primer objetivo: inocular miedo en las grandes ciudades occidentales. Y es en este contexto psicosocial que crecen propuestas alternativas radicales.Es el caso en Francia del movimiento extremista de Marine Le Pen, que se presenta como "alternativa" a un sistema político que califica de agotado e incapaz de proponer soluciones que atraigan a los ciudadanos.En Estados Unidos, en tanto, no se habla de otra cosa que del sorprendente auge de Donald Trump. El magnate inmobiliario encabeza las encuestas de los candidatos republicanos para las próximas elecciones de noviembre.Trump es visto como un populista de nuevo cuño, gracias a su retórica polémica contra la inmigración, la globalización comercial y el establishment político.Muchos ven una conexión entre el público más golpeado por el desmoronamiento de la clase media americana y los simpatizantes de Trump, quien ha sido descripto como un populista plutócrata, que propone defender las empresas y los empleos norteamericanos frente a la globalización, sinónimo de importación china y mexicana.Como ha escrito un observador: con Trump el Partido Republicano "une a una extraña coalición de blancos pobres que creen que si las cosas no les van bien es porque el dinero del Estado se va para los negros y para los inmigrantes, son blancos de clase media-alta y alta que creen que serían mucho más ricos si el Estado no les quitara impuestos para darles el dinero a los blancos pobres, a los negros y a los hispanos. Es el partido que se ha envuelto en la bandera de Estados Unidos y que considera cualquier ataque partidista una agresión contra el país. Es el partido del nacionalismo". Las sociedades que atraviesan crisis económicas prolongadas son un caldo de cultivo para que prosperen grupos o partidos extremistas que tienen la habilidad de seducir a una parte del electorado.
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