Fábrica de abogados
Porque lo que uno escucha entre los hombres del gremio es que ya hay una preocupante superpoblación profesional. Se diría que hay más abogados que pleitos. Al parecer la fábrica provincial de abogados, acompañando el crecimiento chino del área sojera, alcanzó niveles de productividad notables desde 2003.
Ese año la matrícula pegó un salto, según el informe periodístico. Y coincidió con la graduación de la primera camada de abogados de la Facultad de Derecho de la UCA en Paraná, que había abierto sus puertas en 1997.
“En efecto, mientras en el año 2000 se matricularon 163 abogados (un promedio de 14 por mes); ya en 2006, por ejemplo, la cifra trepó a 265 abogados (22 nuevos matriculados por mes); o el año pasado se llegó a 21 por mes (246 en todo el 2008)”, se indica.
El dato es que se ha ampliado la capacidad de producción de abogados en los últimos años. Daniel Cottonaro, delegado de los jóvenes abogados de Paraná ante la Comisión Provincial de Noveles Abogados, describió así el proceso:
“Antes los paranaenses sólo estudiaban en la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Pero ahora está la Universidad Católica Argentina, subsede Paraná también hay gente que egresa de la carrera que se dicta en Villa Libertador”.
Cottonaro agregó: “Hay carreras que se dictan a distancia como la Universidad de Salta. Y la gente de la Costa del Uruguay o del centro de la provincia, cursa mayoritariamente en la Universidad de Rosario y algunos también en la Universidad de Concepción del Uruguay”.
La producción en serie de abogados, al parecer, lleva aparejada una devaluación en la calidad del producto. Según Cottonaro, los nuevos matriculados demandan capacitación práctica.
“La universidad puede ser buena pero no tenemos contacto con ningún expediente”, opinó el entrevistado, al explicar por qué los noveles hombres del derecho salen de la academia a hacer cursos.
La pregunta se impone: ¿qué hace que muchos jóvenes entrerrianos se obsesionen con el derecho? Para Alcaín es una mezcla de oferta académica, expectativa de salida laboral y hegemonía del precepto según el cual “serás lo que debas ser o serás abogado”.
Mirada profundamente, la sobreabundancia de abogados revela en realidad las condiciones de subdesarrollo económico de Entre Ríos, que no ha podido diversificar ni ampliar las fuentes de trabajo para sus habitantes.
Estamos en una provincia donde el monocultivo de la soja es el principal factor de plusvalía (que encima no capitaliza), y donde no ha crecido una poderosa agroindustria, pese a tener condiciones para eso.
En este contexto ser abogado puede ser visto como una tabla de salvación. Pero como en el mercado de la profesión no hay para todos, los nuevos egresados buscan su primer trabajo en el Estado. “Mucha gente termina trabajando en algún ámbito de la administración pública”, reconoce Cottonaro.
Cuando esa vía se cierra, las expectativas de trabajo se centran entonces en el poder político. La idea es conchabarse como asesor de algún dirigente o legislador, para vivir en los frondosos presupuestos de las cajas políticas.
A propósito, Alcaín es incisiva: “Se ha observado la existencia de una ‘militancia profesionalizada’. Así, hoy por hoy, hay abogados que se encuentran ocupando roles que tradicionalmente no requerían de título si no, más bien, de alguna convicción política”.
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