Flaco, alto y algo torpe
Los chicos crecen a pasos agigantados, ellos nos hacen ver cómo pasan los años, y en ese crecer por momentos increíble, pueden pasar desapercibidas algunas alteraciones esqueléticas. Por Dres. Norberto Furman y Abel LemiñaJefe y Sub-Jefe Equipo de QuiropraxiaInstituto Furman de Bs. As. Sucede que no todas las afecciones osteoarticulares producen síntomas, es decir, cursan sin dolor, sin fiebre ni otro dato que nos indique que a ese cuerpo algo le está pasando. Como los vemos cotidianamente, no percibimos ciertos signos que son indicios de afecciones raquídeas.El símbolo de la ortopedia, que significa correcto crecimiento, es un árbol con un tutor que lo guía para que crezca derecho. El chico es como ese árbol y el tutor está compartido entre los padres que deben ser buenos observadores de sus hijos, y el especialista, que debe tomar las medidas adecuadas para corregir los desbalances esqueléticos típicos del crecimiento. Flaco, alto y desgarbadoHay una etapa de explosión hormonal que estimula el crecimiento de los huesos en largo, que es cuando notamos “que pegan el estirón”, esto es aproximadamente a los trece o catorce años. Allí los huesos largos crecen en longitud a expensas de los cartílagos de crecimiento, que son la parte específica del hueso para esa función.Pero ese veloz alargamiento del hueso, a veces no es acompañado paralelamente por un crecimiento equivalente en los músculos de la zona y ésta desigualdad de desarrollo entre tejido óseo y muscular altera la postura, varía la función articular y puede deformar la columna.Un ejemplo claro es el desbalance entre el crecimiento en el largo del fémur y el de los músculos isquiotibiales (posteriores del muslo). Éstos, al quedar acortados, retraídos, traccionan de la pelvis que es donde se insertan en la parte superior y alteran la posición pélvica. A su vez, la pelvis, que se articula con la base de la columna, le transmite a ésta esa tensión, generando cambios inconscientes en la postura del chico, que atónito nos mira cuando le pedimos que se pare derecho. Su postura nos informaPensamos que es desobediente, pero pasa que su cuerpo sí es obediente, pero a las alteradas fuerzas internas que lo obligan a pararse torcido o a estar encorvado.Así nacen muchos de los dorsos curvos o cifóticos, las escoliosis, o su combinación la cifoescoliosis.En la medida que pasa el tiempo y no se consulta para corregir esas fallas biomecánicas, se va llegando a las alteraciones ya estructurales, al aumento de esas curvas patológicas y la cosa se complica. Si lo planteamos como una fórmula matemática, la patología se complica en forma directamente proporcional a la demora del diagnóstico y a la puesta en marcha del tratamiento.Como ese cambio es rápido también para el chico, la madurez neurológica de su esquema corporal también suele tener sus inconvenientes, por eso algunos parecen torpes, como manejando un cuerpo ajeno. Campeón de chico, paciente de por vidaComo los “lungos” son especiales para ciertos deportes como el volley y el básquet, son elegidos para los equipos, lo que a priori no sería problemático, pero sucede que como le cargan el factor competitivo, los someten a entrenamientos exigentes, con demasiados saltos, alejados del aspecto lúdico que debería ser el espíritu deportivo del niño y en los primeros años de la adolescencia. Como resultado: mayor crecimiento óseo, mayor retracción muscular y mucha carga en los cartílagos articulares. Tal vez se logre sacar un campeón juvenil del deporte, pero el mayor riesgo es el de un adulto que cargará con los errores del crecimiento. Así ese árbol-niño puede crecer “torcido” por no haber reconocido los gritos que su cuerpo daba detrás del silencio aparente de su esqueleto.Por eso papás, a prestar atención, la solución existe, pero cuanto antes ustedes reaccionen, mejor será el destino de la columna de sus hijos.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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