Freno a las importaciones: la queja de los industriales
Los industriales de la UIA, afectos a la política proteccionista del gobierno, deberían aplaudir que se cierre el ingreso de mercaderías del exterior. Sin embargo, tienen un discurso alarmista.La cámara fabril liderada por Ignacio de Mendiguren suele despotricar contra el librecambio y denostar la política de apertura de los mercados durante la década de los '90.Dicha política, según la UIA, premiaba la importación en contra de la producción industrial local. La política de sustitución de importaciones, iniciada por la megadevaluación de 2002, supuso un giro a favor del proteccionismo industrial.Pero no todo es tan lineal. El cierre de las importaciones, profundizado en los últimos meses por el gobierno, que en teoría va en línea con ese proteccionismo, tiene como objetores a los propios industriales locales.Al parecer, según se deduce de los dichos del titular de la UIA, no habría que cerrar tanto la economía al exterior que se ponga en riesgo la propia actividad interna fabril.La cuestión pone al descubierto, en principio, que la reindustrialización de estos años, en términos de autoabastecimiento de bienes de alto valor agregado, es algo relativo.En declaraciones radiales, De Mendiguren afirmó que el freno a los importados es el tema que más preocupa a los empresarios de todo el país, que llaman inquietos a la entidad que preside porque les falta alguna pieza que se fabrica en el exterior.El líder fabril reconoció que "existe una dependencia muy grande a las importaciones". Y añadió: "Argentina tiene una relación muy directa entre sus importaciones y su nivel de actividad; por su matriz productiva por cada punto de la producción industrial que se crece esto multiplica por cuatro lo que crecen las importaciones".Más allá de la coyuntura aduanera, de las restricciones a las importaciones (dirigidas a ahorrar dólares, según algunos), la discusión pasaría entonces por la alta dependencia de insumos importados que tiene la llamada "industria nacional".El ex ministro de Economía, Martín Lousteau, escribió el año pasado un artículo en el cual decía que las importaciones industriales crecían por encima de sus exportaciones.Con lo cual, razonaba, se está frente a un sector deficitario desde el punto de vista de las divisas. En su opinión, una industrialización exitosa es aquella en la cual el sector fabril produce más dólares para el país que los que consume."Ello significa que, en la Argentina actual, cada dólar que ingresa por exportaciones del complejo sojero se escapa debido al déficit comercial industrial", escribió, señalando que esto es una "enorme paradoja" en términos de modelo industrial.El comportamiento del sector automotriz, sobre el que descansa el éxito industrial de estos años, refleja esta paradoja. El sector exhibe índices de producción y exportaciones notables.Sin embargo, para alimentar esa inédita expansión, las terminales siguen importando siete de cada diez autopartes que utilizan para fabricar un vehículo en la Argentina.Se comprenden, entonces, los dichos de De Mendiguren respecto de que existe una "dependencia muy grande a las importaciones". También la advertencia de que "no tener un acceso fluido a los insumos, impactará en forma directa en el nivel de actividad".Además, se sabe que los países extranjeros compran si los dejan a ellos vender a su vez. De forma que cerrar la importación a un mercado, puede trocarse en la pérdida de una plaza de exportación, a modo de represalia comercial.En el comercio internacional no rige la ideología, sino los intereses, el toma y daca.
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