Fútbol, fábrica de emociones e ilusión
Ningún espectáculo colectivo produce tanta fascinación y hechizo como el fútbol, sobre todo en una instancia mundialista. Un fenómeno emocional de masas que no tiene parangón. Detrás de la maquinaria jugosa que mueve millones de dólares, de uno de los negocios globales más redituables, de jugadores que cobran fortunas, está la "pasión de multitudes", locura y fanatismo.Decir que el fútbol es un fenómeno emocional resulta una perogrullada. Gritos de júbilo, lágrimas incontenibles, celebraciones callejeras con banderas y bocinas, alegría o tristeza profunda, son expresiones que reflejan las potentes emociones que produce el actual torneo mundial.¿Cómo es posible que el fútbol enganche a tanta gente? ¿A qué atribuir su valor universal? ¿Qué resortes profundos del psiquismo humano toca este deporte que logra que millones de simpatizantes y telespectadores entren en locura colectiva en la victoria o en la derrota?El hechizo y la fantasía que produce el fútbol, portador de placeres y sensaciones agradables, hace pensar en la lógica del juego, una actividad inherente al ser humano.El fenómeno de lo lúdico ha sido abordado por diversas ciencias humanas y entre ellas hay coincidencias respecto de que se trata de una dimensión especial del hombre, en tanto ser simbólico.Una dimensión asociada a la alegría espontánea, al disfrute creativo y a la "conciencia de 'ser de otro modo' en la vida corriente", según la definición de Johan Huizinga, en su libro "Homo Ludens".Pero no queda claro, aún, por qué razón en la sociedad global el fútbol ha adoptado el papel de vehículo de expresión emocional en el plano colectivo.¿Cuál es el motivo, sobre todo, por el cual se involucran tanto los que miran el partido, es decir los espectadores que no participan directamente en el juego?Una de las hipótesis explicativas es que el fútbol es un acto social ligado al origen del ser humano y al tribalismo, donde se aúnan la recompensa de la caza con tres necesidades: defender un territorio, identificarse con un grupo y competir con otros.Según esto, la necesidad de pertenecer a un grupo o identificarnos con él está en los genes de la especie. En la globalización, las tribus serían las comunidades nacionales, los grupos profesionales, las ideologías, religiones y sobre todo los equipos de fútbol.De hecho los equipos de fútbol, sobre todo los "seleccionados", se identifican con una nación o comunidad. Los estudios sociológicos hablan del fútbol como "catalizador de identidad nacional".Cuando los jugadores ganan, también lo hace la nación, y por carácter transitivo los hinchas. La derrota en el juego, por oposición, se vive como una frustración colectiva de los "nacionales".En el fútbol, cada equipo, y por tanto cada hincha, ve en su oponente la materialización del Otro a quien hay que vencer. Ganarle en el juego, equivale a hacerlo en todo los planos.Las crónicas periodísticas, reflejan esta rivalidad tribal. El primer párrafo de una de ellas, escrita por estas horas, es elocuente: "Argentina se dará el gran gusto de jugar el domingo la final del Mundial Brasil 2014 en el mítico estadio Maracaná, donde su estrella Lionel Messi espera consumar el domingo la hazaña ante Alemania en pleno corazón de 'territorio enemigo'".Y se añade: "La albiceleste llegará al Maracaná de Río de Janeiro mientras Brasil, su más acérrimo rival deportivo, está sumido en una gran depresión tras la catastrófica caída en semifinales ante Alemania por una histórica goleada 7-1".
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