Fútbol o la ideología de la globalización
El presidente de la FIFA, Joseph Blatter, acaba de reconocer lo que algunos antropólogos contemporáneos suscribirían: el fútbol se ha convertido en la principal ideología de las masas.El dirigente suizo de 79 años adjudicó a la organización rectora del fútbol mundial (FIFA) un papel relevante entre las instituciones que rigen la globalización al afirmar que "nosotros movilizamos las masas"."A través de las emociones positivas que genera el fútbol, la FIFA es más influyente que cualquier país del mundo y que cualquier religión", dijo el dirigente en una entrevista publicada por el periódico suizo "Sonntags-Zeitung".Según se desprende de esta observación, ni las instituciones políticas globales, como la ONU o el Parlamento Europeo, ni las burocracias eclesiásticas, como el Vaticano, se comparan a la FIFA por su nivel de influencia.Y esto porque el insumo que administra, el fútbol, moviliza el alma y el humor de las masas humanas y suscita un fenómeno parecido a la religión, una tesis ya advertida por diferentes personalidades de la cultura.Como es el caso del antropólogo francés Christian Bromberger, quien dijo: "Es cierto que se han comparado los estadios con santuarios y que existe mucha afinidad entre la pasión por el fútbol y la religión. Hay, en efecto, un espacio consagrado (el césped), oficiantes (los jugadores), feligreses con una gestualidad codificada similar a la liturgia, y toda una serie de actitudes mágico-religiosas. Creo, no obstante, que se diferencia de una religión, por el hecho de que el fútbol no aporta ningún mensaje sobre la salvación". Carlos Marx, por otro lado, sentó la tesis de que la religión en la sociedad capitalista actuaba como el "opio del pueblo" al ofrecerle un consuelo a los explotados en este vida, asegurándoles una justicia en el más allá.El dato es que la mayoría de los seguidores del fútbol viven de recursos escasos y encuentran en ese espectáculo un cúmulo de sensaciones que la sociedad no puede otorgarles, como el hecho de ganar o salir campeón, aunque más no sea simbólicamente.Por eso los peregrinajes semanales o la devoción por los equipos y jugadores que se expresa en figuritas, camisetas, firmas, fotos y demás expresiones que revelan amor idolátrico.El escritor uruguayo Eduardo Galeano, un defensor de este deporte, ha hecho esta reflexión: "¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales".Galeano se lamenta de que este deporte es explotado comercialmente hasta devenir en producto estrella de la industria del entretenimiento: "El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas, y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue".Entre nosotros Juan José Sebrelli, para quien el fútbol es hoy la religión secular de la humanidad, se ataja de aquellos que lo critican por elitista y poco nacionalista."Para humillación de los populistas, el fútbol, ese supuesto deporte del 'pueblo', lejos de surgir en el seno de las masas populares es un típico producto de la conservadora y refinada clase alta inglesa", escribió en "La era del fútbol".Más adelante, recuerda que "el juego por esencia nacional y popular según la jerigonza, paradójicamente, fue traído al país y al resto de América del Sur por los ingleses e impuesto por la oligarquía, las dos bestias negras del nacionalismo populista".
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