Fútbol y timba, combo peligroso
Por problemas económicos existe el riesgo de que no comience el torneo de fútbol nacional. ¡Eso sí que es un "problema de Estado" en un país donde la pelota es objeto de culto!Se ha dicho que el fútbol se ha convertido en una especie de religión secular universal. Es decir, hay una comunidad de creyentes que concurre devotamente a los estadios, devenidos en nuevos templos.Pero en la Argentina el fútbol adquiriría las características de "opio" colectivo, según la categoría inventada por Carlos Marx, en su análisis de las religiones.Es decir, la pelota tendría un efecto alienante sobre vastos sectores de la población, al punto que alrededor de ella ha emergido un nuevo tipo humano: el hincha.En la Argentina futbolera se podrán parar distintas actividades -las educativas o las productivas- pero sería algo inaceptable desde todo punto de vista que se suspenda el campeonato.Por otro lado, ir a la cancha los domingos es una vía de "escape", una experiencia "catártica", ante tanta frustración colectiva. De hecho, se ha instalado la tesis de que el fútbol es la única fuente de alegría entre los argentinos.Aprovechando esta realidad el presidente de la AFA, Julio Grondona, está pidiéndole al gobierno que salga a auxiliar a los clubes de fútbol, que hoy sufren serios problemas financieros.Con una amenaza bajo el brazo: sin solución económica la pelota deja de rodar. ¡Resulta que ahora el Estado, que no puede atender a millones de pobres, tiene que rescatar a los clubes de fútbol, que se han endeudado en un negocio bastante turbio!Grondona actúa así porque para mantener el entretenimiento popular (el circo, que le dicen), tradicionalmente el Estado no sólo ha perdonado deudas fiscales a los clubes sino que los ha subsidiado.El mandamás de la AFA, además, acaba de sugerir un remedio muy productivo (y sobre todo educativo) para solucionar el problema: quiere que se instalen las apuestas on line o el denominado Prode bancado.Es decir, propone profundizar la timba en un país donde la proliferación de juegos de azar ya es un problema social. Casinos, bingos, salas de máquinas tragamonedas, apuestas varias y sorteos, configuran un conglomerado gravoso.La excesiva oferta de juego, aquí y en el resto del mundo, trae consecuencias sociales negativas. No sólo porque introduce en la sociedad la idea de que se puede ganar dinero sin trabajar (algo por cierto muy arraigado en la cultura argentina).También incrementa la ludopatía, enfermedad mental que provoca un desmedido e incontrolable afán por participar en esos entretenimientos. Es una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).En Gran Bretaña, la asociación de médicos (British Medical Association) calificó a los juegos de azar, apuestas y sorteos compulsivos de "veneno social". La adicción es tan corrosiva como la dependencia a las drogas y al alcohol; ocasiona daños físicos y psicológicos graves, así como vicios sociales que contribuyen a la ruptura familiar y a la potencial ruina económica en edades maduras.Además el negocio del juego en Argentina está sospechado de actividad corrupta. El poder político parece favorecer a determinados amigos con esta industria especialmente redituable y protegida.Los Estados promueven y alientan el juego con el pretexto de llenar las arcas estatales. ¿No sería razonable aspirar a que se financien con recursos provenientes del trabajo de sus ciudadanos?.El negocio del fútbol no puede hacerle pagar sus platos rotos al resto de la sociedad argentina, a través de salvatajes financieros estatales o agravando los males asociados a la timba.
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