Ganó Massa y el peronismo se empieza a contar las costillas
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El día llegó, o mejor dicho, el primer tiempo de un partido que dura 90 minutos. Porque el impacto electoral de las primarias del domingo pasado se extenderá hasta el 27 de octubre. Ese día, para bien o para mal, sabremos cuán largo será el proceso político de los dos años que le quedan en el poder a Cristina Fernández de Kirchner. Jorge Barroetaveña La posibilidad de recuperarse depende, no sólo de la voluntad propia, sino también de hacer una lectura correcta de los resultados. Es cierto que una oposición dividida es el mejor escenario que le pudo tocar al oficialismo, pero eso no disimula el golpe que recibió. Ningún gobierno, desde que se restauró la democracia en 1983, perdió tanto poder en tan poco tiempo aunque es justo reconocerlo, ninguno nunca lució semejante poder de recuperación.El 2009 marcó un hito en la historia del kirchnerismo. No sólo porque fue su primera derrota electoral sino porque fue el punto de partida para su recuperación en el 2011. Pasó del 30% de los votos a cosechar el 54%, en un rush que ni el más optimista de los oficialistas esperaba. Esa impresionante recuperación obedeció, como siempre, a méritos propios pero también a deméritos ajenos.Hoy, 2013, y con otra derrota en ciernes, hay un fantasma que agitan el calendario y la Constitución Nacional: Cristina no puede ni podrá a esta altura y con estos resultados, volver a ser candidata en el 2015. Allí radica la diferencia sustancial con el 2009 y es lo que sirve de acicate para disparar la pelea por la sucesión en el peronismo amplio, se llame como se llame.Las costillas de la elección en un distrito clave como es Buenos Aires es lo que peores noticias trae para el oficialismo. Era lógico que Massa ganara en los distritos del norte del Conurbano, donde desde Tigre irradia su influencia, pero nunca en los del sur o en los del oeste.Allí, el ex jefe de gabinete de Cristina hizo una gran elección, ganando incluso en bastiones históricos como 3 de Febrero, Lanús o Avellaneda. Eso significa, en términos prácticos, que le peleó mano a mano la principal fuente de votos al kirchnerismo y, en muchos lugares, lo superó.Eso es lo que despertó el recelo de la Presidenta cuando empezó a mirar las cifras de la indómita Buenos Aires. Y hacia allí deberían enfocarse los principales esfuerzos del kichnerismo para torcerle el brazo a Massa el 27 de octubre. Si pierde esa batalla, le será imposible ganar la guerra.A esta altura, el gobierno sabe de las dificultades históricas que tiene para enfrentar elecciones en provincias ciclotímicas. Sabe que en Santa Fe puede perder, en Córdoba también y en la Capital ni hablar. Son provincias de clase media que ya le votaron en contra en el 2009 y podrían volver a hacerlo ahora y de hecho lo hicieron.Pero lo de Santa Cruz, Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca y hasta Jujuy es indigerible. Sólo Urribarri, Capitanich y Alperovich salvaron la ropa, alambrando sus provincias contra la ola nacional.El entrerriano es un ejemplo: acertó poniéndose la campaña al hombro y provincializándola lo que más pudo. Bicho, se dio cuenta que si quedaba a merced de la campaña nacional, correría riesgos y rectificó a tiempo. Qué cotiza en el peronismoEl 35% de Massa en Buenos Aires fue una daga en el corazón. Es cierto que el tigrense tiene un discurso flaco, un pasado lábil porque formó parte del gobierno y la lista que lo acompaña es un canto a las diferencias, pero fue el único que tuvo la valentía de dar un paso al frente. Mario Das Neves, desde la gélida Chubut y subido en un mar de votos que lo devolvió a la escena política, dio en la matadura: "Massa se animó e hizo lo que muchos no se animaban: saltar el cerco y dar pelea. Y eso en el peronismo cotiza", graficó.Es sugestivo además que esté rodeado de gente que estuvo vinculada al kirchnerismo o fueron aliados circunstanciales. No sólo él fue jefe de gabinete de Cristina y titular del Anses con Néstor. Alberto Fernández detentó la misma jefatura y era mano derecha del ex presidente.Lavagna fue ministro de economía y Redrado presidente del Banco Central. Sin contar a casi todos los intendentes, de los 20, que respaldaban a Massa y pasaron de ser kirchneristas furiosos a neomassistas. Esa sangría tiene una razón y es lo que el gobierno deberá encontrar antes del 27 de octubre, no para evitar quizás, pero sí para atemperar el impacto.Quizás sea ella o quizás sean los demás. Lo cierto es que Cristina Kirchner parece estar sola para tomar decisiones o la información que le acercan no es la correcta.¿Era necesario mencionar el miércoles que ganó con los Quom en Chaco o en la Antártida? ¿Pensó que nadie se acordaría del 'Pericos' de Menem o de la mesa de Necochea de Rodríguez Saá? Más allá de esa desgraciada referencia política al pasado reciente, buscó desde Tecnópolis retomar el centro del escenario y la elección fue obvia: Massa.Massa será el objetivo en estos dos meses y no habrá nada que lo pueda sacar de la mira. Rodeada de los ministros y los gobernadores afines, se parapetó detrás del atril y arremetió duro contra su antiguo colaborador, subió al escenario a los bancos, a los sindicalistas y pidió pelear con los titulares y no con los suplentes.Fue extraño porque la Presidenta reclamó diálogo y discusión, algo que ha faltado todo este tiempo y es, justamente, uno de los reproches del electorado. Debe ser la primera vez en mucho tiempo que el kirchnerismo pierde la iniciativa y tiene que salir corriendo detrás de alguien que perteneció a su mismo palo. Es que contra la historia no se puede. Siempre el peronismo terminó engendrando su propia descendencia. Falta ver qué tan doloroso será el parto.
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