García Márquez y el mejor oficio del mundo
El premio Nobel de Literatura, célebre autor de "Cien años de Soledad", cuya muerte ha conmocionado al mundo de la cultura, era también un consumado periodista. La relación existencial de Gabriel García Márquez con el periodismo fue tal, que llegó a definirlo como "el mejor oficio del mundo". No es casual, además, que en el mundo de las redacciones se lo considere un "maestro".Tras su partida física, ahora muchas de sus máximas sobre la profesión serán recordadas como un legado valioso. Por ejemplo, frente a la revolución tecnológica en los medios, opinaba que nunca sustituirá el trabajo artesanal del periodista, hecho de dedicación, estudio, exploración y búsqueda.García Márquez perteneció a la generación de periodistas vocacionales, para quienes el oficio lo era todo, ocupaba toda la vida, y cuya escuela de formación fueron las propias redacciones de los diarios, donde la convivencia tenía que ver con largas tertulias."Los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida en común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo", decía el escritor al recordar sus años como reportero y cronista.En esa fábrica de noticias y opinión que eran los diarios, comprendió también que el periodismo es inconcebible sin una profundización de los conocimientos, de actualización y estudio constante."La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral", comentó García Márquez, quien se consideraba un "autodidacta".Y aquellos que aprenden autónomamente, que no necesitan de un diploma para acreditar su saber, "suelen ser ávidos y rápidos y los de aquellos tiempos lo vimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo, como nosotros mismos lo llamábamos".El oficio cuyos orígenes remotos se sitúan en el siglo XV y que se prolongó sin respaldo académico durante largo tiempo, cobró otra lógica con la aparición de las escuelas de periodismo, allá por la década de los '80 en Latinoamérica.En 1996 García Márquez, luego de señalar el error de muchos diarios del mundo de poner más interés en el desarrollo tecnológico que en invertir en recursos humanos, llamó la atención sobre los pilares que deben sustentar la formación de los periodistas."Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social sea que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero nunca el oficio mismo", disparó el escritor, quien siempre tuvo un ojo crítico hacia el perfil de los graduados en la profesión."Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las dos condiciones más importantes: la creatividad y la práctica", llegó a decir.Por otro lado, el Nobel se lamentaba del nivel cultural de los egresados de la universidad, al señalar que muchos de ellos "llegan con deficiencias flagrantes, tienen grandes problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos".El escritor también advertía sobre la extensión de "una noción intrépida del oficio, fundada en el orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier costo", al tiempo que recordaba que "la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor".
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