Hablar en serio
Es hora de hablar en serio sobre la Patria que queremos. Y entre otras cosas esto significa relegar peleas por cuestiones transitorias o superfluas y abordar los asuntos de fondo.Por Mario Alarcón Muñiz Uno de ellos -insoslayable en nuestra región y tema de nuestras tres notas anteriores- es el de la tenencia de la tierra. De poco valen discursos, declaraciones, banderazos y consignas, si la realidad indica que entre varias multinacionales y unos cuantos afortunados del imperio se están quedando con la tierra. Ya hemos proporcionado datos ilustrativos. Y aunque parezca un tema recurrente, debe entenderse que postergar su consideración "para otro momento más oportuno" equivale al comienzo de la resignación. Mañana puede ser tarde. Desde el sueloEl advenimiento del siglo XXI marcó el inicio de una etapa mundial de mayor consumo de alimentos. Los niveles de desarrollo alcanzados principalmente por China e India se tradujeron en una creciente demanda de productos alimenticios. Nuestro país los produce y ahí está el negocio. Buenos precios y la salida de la convertibilidad en 2002 posibilitaron concretar ventas muy rentables. Y nos va bien.Poco cuesta entender que este momento de bonanza nace en el campo. Se origina en el suelo fértil. Después se arma la cadena: demanda de maquinarias y herramientas para la producción, beneficios empresarios, ocupación, mayor consumo de elementos varios que a su vez se traduce en requerimiento de otros productos industriales que se vuelcan en salarios, el salario en consumo y así continúa la rueda. Claro que no es tan simple. Estos son tan sólo trazos elementales. Pero sirven para tratar de demostrar que el principio es la tierra. Si la abandonamos o entregamos, renunciamos al futuro. El cascabel al gatoHace veinte días, en su discurso inaugural del período legislativo, la Presidenta anunció la próxima elevación al Congreso de un proyecto de ley que ponga límites a la extranjerización de la tierra "sin desalentar inversiones", aclaró. En círculos oficiales se rumorea que no pasará marzo, quizá abril y se abrirá la oportunidad de debatir el tema y resolverlo. En buena hora, pese a que aún se desconocen los detalles.Brasil ya lo hizo, aunque sólo limitando la propiedad foránea. El gobierno de Lula sancionó una ley regulatoria hace siete meses y acaba de establecer nuevas restricciones, acosado por las crecientes inversiones inmobiliarias de China. "Los chinos compraron parte de África y están intentando comprar Brasil", alertó el ex ministro Netto. Por esa razón el país hermano prohibió a capitales extranjeros adquirir tierras cultivables o fusionarse con empresas locales a ese efecto.¿Qué esperamos nosotros para ponerle el cascabel al gato? En Entre RíosEn forma paralela a este problema se presenta la situación de los pequeños y medianos productores que en algún momento se quedaron sin tierra o se ven imposibilitados de acceder a ella. En septiembre pasado el gobernador Urribarri anunció un plan destinado a promover el regreso de los chacareros al campo entrerriano. Es una gran idea, sobre todo en este momento de condiciones internacionales favorables. Sin embargo, nada más se ha sabido del proyecto hasta ahora. Y ha transcurrido medio año.Para que un plan de repoblamiento rural funcione impulsado desde el gobierno, se debe entender como punto de partida que el éxodo fue un efecto, no una causa. La gente no se marchó del campo encandilada por las luces de la ciudad, sino empujada por el abandono y el atraso. Sin políticas de estímulo productivo ni protección, sin freno a los latifundios que crecieron cercando y absorbiendo a los pequeños productores, sin suficientes fuentes de trabajo, lejos de las condiciones de una vida digna (vivienda, educación, salud, energía, comunicaciones, infraestructura mínima) el campesino se hartó y se fue.Tanto su regreso como la incorporación de nuevas familias al medio rural exigen algo más que buenas intenciones. En principio se requiere una estudiada y adecuada planificación, a partir de la consulta a los sectores directamente interesados y la creación de condiciones favorables.Por otra parte, la radicación de familias en el campo supone básicamente la propiedad de la tierra. Es un requisito indispensable. Un buen plan deberá entonces plantear programas de colonización. No serán los que iniciaron Urquiza y Alejo Peyret en 1857 y continuaron los gobernadores Febre, Antelo y Hernández, además de varios proyectos privados, porque entonces estaba todo por hacer. Y se hizo. Los tiempos han cambiado. Un modelo más reciente es el plan Horne de 1935 que tuvo interesante ejecución en Entre Ríos, pero también es de otra época. De todos modos, la idea central de aquellos programas, consistente en promover la producción mediante la radicación de la familia rural, continúa invariable y proporciona un buen punto de partida.La gente no volverá al campo sólo por el aire puro, sino cuando se le aseguren mejores condiciones de vida y trabajo. Tampoco retornará si el Estado y las grandes corporaciones se siguen quedando con la tajada mayor del esfuerzo campesino.
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