¿Habrá que resignarse a estas inundaciones?
La región litoral fluvial ha sido otra vez duramente golpeada por el fenómeno de la inundación. ¿Acaso un evento natural frente al cual nada hay para hacer? Todavía se está bajo el dramático impacto social y económico de este fenómeno. El desolador panorama que presentan las zonas afectadas -como la ciudad de Concordia- tiene sensibilizada a buena parte de la opinión pública.Pero la pregunta se impone: ¿las inundaciones son producto de la mala fortuna u obedecen a causalidades humanas? ¿Son berrinches de la naturaleza, y por tanto incontrolables por el hombre, o tienen responsables?Se diría que, a la vista de la crisis ecológica mundial, ya nadie cree en el expediente fácil del azar y son cada vez menos las voces que adjudican estas calamidades a caprichos cósmicos.En principio, los expertos atribuyen al cambio climático, efecto del calentamiento global del planeta, el incremento de las precipitaciones. El fenómeno de El Niño, se dice, ha traído más lluvias que las habituales al sur de América Latina.¿Esto explica por sí solo las crecidas de los ríos que han obligado a la evacuación de más de 160.000 personas en Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay?Al respecto, si bien se cree que el cambio climático ha tornado más extremo el desborde de los ríos, son cada vez más los expertos que atribuyen la gravedad de las inundaciones a la deforestación.La sobreexplotación de los suelos, producto del monocultivo de la soja y la tala indiscriminada de bosques, en realidad ha potenciado los efectos adversos de los fenómenos climáticos con las inundaciones.Esa es la creencia que comparten varios estudiosos y organizaciones ambientalistas. "El aumento de las precipitaciones y la significativa pérdida de cobertura boscosa en Argentina, Brasil y Paraguay, que se encuentran entre los 10 países con más deforestación de todo el mundo, no permitió la natural absorción del agua", advirtió Greenpace en un documento.El coordinador de la campaña de bosques de esta organización ecologista en Argentina, Hernán Giardini, explica: "Los bosques y selvas, además de concentrar biodiversidad considerable, juegan un papel fundamental en la regulación climática, el mantenimiento de las fuentes y caudales de agua y la conservación de los suelos. Son nuestra esponja natural y paraguas protector. Cuando perdemos bosques nos volvemos más vulnerables ante las intensas lluvias y corremos serios riesgos de inundaciones".Solo queda el 7% de la superficie original de bosques de la Selva Paranaense o Misionera, atravesada por los ríos Uruguay, Paraná e Iguazú, según Greenpeace.La deforestación creciente, es decir el hecho de que se quemen y se corten miles de hectáreas de bosques y selvas, ligado a la agriculturización a gran escala, hace que la tierra absorba mucho menos el agua de lluvia, y al no detenerla, ésta baja en volúmenes importantes hacia los ríos y se producen las inundaciones.El suelo del bosque actúa como una esponja, refieren los expertos. Pero si la esponja no absorbe -porque es destruida- se produce también el efecto de que el agua corre por la superficie y no desciende hacia las napas subterráneas.La conclusión a la que se llega, así, es que la región litoral debe conservar una cantidad importante de paisaje silvestre, necesario para regular el elemento hídrico.No habría razón objetiva, por tanto, para no hacer nada y esperar resignados las nuevas crecidas catastróficas, con su secuela de gente que se queda sin vivienda y sin medios de vida.
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