Hacia un modelo de ciudad más inclusiva
Si quiere ser una casa grande acogedora para todos, Gualeguaychú debe adscribir a un nuevo paradigma urbano y arquitectónico de respeto a la diversidad física de las personas.Gracias sobre todo a la militancia de algunas entidades como la Asociación Civil ELPLAM, la temática de la accesibilidad se ha incorporado a la opinión pública local.El hecho de que se adapten las aceras para permitir el acceso a personas con problemas de motricidad, o de que la Plaza San Martín tenga un lugar para la rehabilitación física, por ejemplo, refleja un cambio en la manera de pensar.Ahora sabemos que el espacio público ha sido concebido bajo una perspectiva unidimensional que no asumió la diversidad, que ignoró la realidad humana que no encaja en ese corset urbano.Esto es lo que se quiere corregir, inspirado en la idea de derribar aquellas barreras urbanísticas y arquitectónicas que impiden la normal circulación de personas que no encajan con el formato espacial existente.La toma de conciencia de que la ciudad fue pensada sobre un patrón biológico estándar excluyente, lleva su tiempo. Aquí lo "normal" hace un recorte arbitrario sobre las personas.Dicho recorte exilia del espacio público a los que no se ajustan a esa definición. Los condena a una suerte de ostracismo social. Cuando lo "normal", en realidad, es la diversidad de los cuerpos y las capacidades.Y es desde la diferencia real de las personas, y no desde modelos abstractos excluyentes, que debe construirse una ciudad. Para que lo urbano, de última, esté al servicio de lo humano, y no al revés.Días pasados, representantes de la Fundación Rumbos estuvieron en Gualeguaychú para lanzar el "Plan de Accesibilidad de la provincia de Entre Ríos" en esta zona.En la oportunidad, la responsable del área, arquitecta Silvia Coriat, entrevistada por EL DIA, insistió en los grupos sociales que sufren la discriminación urbana."No se trata sólo de discapacidad. Hablamos de un colectivo mayor: tercera edad, mamás con cochecitos de bebés; es decir, hablamos de personas con movilidad reducida y con comunicación reducida que abarca a ciegos y sordos", describió.Según dijo, el concepto de "accesibilidad" debe regir todo el diseño urbano, tanto privado como público. Debe estar presente tanto en los códigos de edificación como en la cabeza de quienes proyectan y planifican.Por el lado del Estado, el concepto debe regir la construcción de escuelas, viviendas, hospitales, plazas, vía pública, parques y paseos. En la construcción privada, debe incorporarse a todos los alojamientos y emprendimientos particulares.Con respecto a los profesionales que intervienen en el diseño, habló de la necesidad de "entender por qué las normativas dicen lo que dicen y no vivirla como una camisa de fuerza o algo que hay que aplicar mecánicamente que no se sabe para qué"."Porque ése no saber para qué -advirtió- después se refleja en obras que se dicen que son accesibles y no le sirven al usuario". Pidió a los arquitectos, a la hora de diseñar, ponerse en el lugar de las personas con problemas de discapacidad ("cómo se mueven, se sientan, se paran, se trasladan, hacen todo").La idea no sólo involucra las nuevas construcciones. Hay que partir de lo preexistente. Al respecto, Gualeguaychú tiene una morfología heredada cargada de tensiones, como la que producen por ejemplo las veredas angostas.Aquí hay que usar la imaginación para que lo accesible se abra paso, allanándole la circulación a las personas con movilidad reducida. Para que la ciudad, en suma, pueda ser un sitio disfrutado por todos.
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