Hacia un patriotismo del siglo XXI
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La Patria es la misma. Apenas han cambiado la escenografía y los rostros. A 204 años de distancia muchos estamos como entonces, en la plaza, pidiendo saber de qué se trata. No es asunto para cuatro o cinco iluminados. A todos nos concierne. Y a todos nos obliga. Mario Alarcón MuñizEs la Patria. Sus dolores son los nuestros. Le arrimamos calor encendiendo esperanzas. Le quitamos fuerza enfrentándonos. Aquí nacimos, aquí vivimos, aquí hemos enterrado a nuestros muertos, aquí están creciendo nuestros hijos. Es el lugar. "Otro será mejor, pero este es mío", sintetizó el poeta Julio Federik.Así pensaron hace dos siglos los paisanos que marcharon a la guerra. Más allá de los riesgos, padecimientos y privaciones del momento. Por encima de los tropiezos y desencuentros de sus dirigentes. Estaban fundando una nueva nación para vivir con dignidad y en libertad, marcando un estilo autóctono, alejado de la prepotencia europea de entonces. Y eso sí que valía la pena.Aquella Patria por la que tantos antepasados sufrieron y murieron, es la misma. Hoy no hace falta ir a la guerra, ni disparar un fusil. Todo es mucho más sencillo. El patriotismo se define de otra manera. Un compromiso comúnEs tan simple ser patriota en el siglo XXI que hasta suena ocioso señalarlo. Patriota es la "persona que ama a su patria y se esfuerza por lograr su bien", explica el diccionario.De hecho patriota no es el que se vale del Estado para sus negocios o cuestiones personales. Desde el ministro o funcionario de jerarquía que en su momento juró sobre la Biblia y cobra por adjudicar una obra o un servicio, hasta el agente de tránsito que cambia una multa por una retribución de diez pesos -figuras bastante comunes entre nosotros-, afectan al conjunto social. Entonces, lesionan a la Patria. Lucran por igual, aunque luzcan escarapela al pecho y canten el Himno. "¡Oh, juremos con gloria morir!", entonan mientras le meten la mano en el bolsillo al semejante que trabaja y está obligado a financiar al Estado, forma político-jurídica de la Patria.El ciudadano común no escapa al compromiso de respetar y cumplir las normas vigentes. Pese a su color de exageración, tanto hemos ignorado leyes y costumbres, que ajustarse a ellas puede señalarse como un gesto patriótico. Y resulta imprescindible cumplirlas para garantizar la convivencia pacífica de la sociedad. Las cosas simples de cada díaPreguntémonos de qué manera y hasta qué punto respondemos. Pagar los impuestos es el primer paso. En principio cumplimos mediante el tributo que grava todo lo que consumimos. Ya se compre un paquete de yerba o un camión, nadie se salva. En el siguiente peldaño aparecen todos los gravámenes conocidos, del más diverso carácter.La educación también nos exige. Es necesario, pero no suficiente, enviar los hijos a la escuela. No a un depósito, sino a una institución viva que funciona por y para toda la sociedad. De tal modo, su ubicación en el centro de la vida social, en contacto con la comunidad a través de los padres y vecinos, es condición insoslayable para que su actividad resulte fecunda.No desligarnos de la escuela, no abandonarla a su suerte y colaborar con los maestros, son actitudes relacionadas con el patriotismo.Preservar y defender el ambiente también es un gesto patriótico. Gritar "¡viva la Patria!" mientras contaminamos el aire, envenenamos el agua, arrasamos el monte nativo, modificamos el Delta, tiramos los desperdicios en cualquier parte e incurrimos en decenas de agresiones al ambiente, trasunta un enorme contrasentido. ¿De qué patria estamos hablando si al mismo tiempo avanzamos hacia la destrucción de su lugar físico? Es un deber de todosCiertos comportamientos que nos atañen de manera directa son tan mínimos y elementales que no parecen vinculados a la Patria. Sin embargo lo están, porque se relacionan con la conducta hacia los demás, es decir al conjunto que integramos.La vida en comunidad tiene la ventaja de su carácter social, pero impone obligaciones. Si todos los componentes del conjunto las atienden, el resultado es satisfactorio.Los vínculos vecinales, las reglas del tránsito, las básicas normas de conducta social y de respeto al semejante y sus derechos, se presentan como temas cuyo subrayado es innecesario. Comprobamos, empero, su violación de manera constante. Y no se diga que es un asunto menor -aunque lo parezca- pues cualquiera de nosotros puede comprobarlo en este mismo instante. Son cuestiones que a todos nos atañen y a todos nos obligan.Ocuparse de los asuntos públicos y opinar, es también un deber del ciudadano hacia la Patria. Quiero saber de qué se trata. Como hace 204 años. Confiar en que cuatro o cinco iluminados resolverán los problemas porque alguna vez los votamos, equivale a desprendernos de nuestra obligación principal, que es la de velar por la buena salud de la Patria que nos contiene. Bien lo indicó Jorge Enrique Martí: "porque el 'no te metás' no es la respuesta / que da el varón cuando nació entrerriano; / sereno en tu altivez ¡metete hermano! / con el alma vibrando en la protesta".Parecen cosas simples. Pero creo que es importante recordarlas para no confundir el significado de patriota y de patriotismo. Ya no hay que cargar fusil. Hay que cargar responsabilidades. Así vendrán las satisfacciones de la Patria engrandecida. Con nosotros adentro, integrándola.
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