Hartazgo o cuando la paciencia se acaba
"Mientras la crisis se agrava, el hartazgo social se multiplica". La frase podría aplicarse a cualquier país del mundo, y no desentonaría. Como si un malhumor indescifrable diera la tónica a la época. Los reveses electorales de los gobiernos suelen explicarse por esta palabra talismán: hartazgo. Muchos aseguran que es lo que estuvo detrás de la derrota del partido del presidente Barack Obama, en las elecciones de medio término en Estados Unidos.En España los analistas hablan de que una fuerza antisistema, 'Podemos' (partido político español fundado en enero de 2014), está "capitalizando el hartazgo social" y está por romperse el bipartidismo entre el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Español (PSOE).Idéntico diagnóstico se hace respecto de los países de Europa, donde hay preocupación por el ascenso de partidos nacionalistas que predican la xenofobia hacia los inmigrantes.En el hartazgo hay una situación que se vuelve intolerable para las personas, quienes entran así en una suerte de enojosa desesperanza frente a una realidad que no pueden modificar.Los individuos tienen una capacidad para tolerar, atravesar o soportar una determinada circunstancia sin experimentar nerviosismos ni perder la calma. Paciencia se llama ese atributo.Ahora bien, cuando una persona o situación acaba con la paciencia de alguien, consigue entonces que éste entre en un estado de hartazgo. Es decir, que se canse y no soporte más esa realidad.Las consecuencias de esto pueden ir desde los brotes de violencia hasta el mero alejamiento de la realidad, el rendirse o resignarse ante lo que ocurre.Cuando se produce un estallido es cuando la ira o la indignación se salen de su cauce e irrumpen por lo general violentamente. Hasta los más mansos pueden "sacarse" y de pronto hacerse sentir con fuerza.En este sentido, se diría que así como la paciencia no es infinita, tampoco el hartazgo. Llega un momento en que las personas, de tanto estar hartas, declaran un día: "Ya no puedo más".Las formas en que se puede expresar el hartazgo social son muchas. Unas veces a través del llamado "voto castigo" hacia determinados partidos o gobiernos. En otros casos en protestas y marchas pacificas, o llegar al extremo de recurrir a formas violentas, como saqueos y motines.Los analistas políticos llaman la atención sobre la importancia de detectar a tiempo los estados de hartazgo, ya que pueden pasar inadvertidos para quienes tienen responsabilidad estatal.Se cree, incluso, que esta emocionalidad puede camuflarse en una aparente indolencia. Como si la impotencia y el cansancio creciesen soterradamente hasta el día en que, tras cierto punto de ebullición, sorprende con su manifestación.Acaso los sistemas democráticos son los que más tienen que lidiar con el hartazgo. Tratándose de regímenes que se sustentan en el consentimiento de los ciudadanos, de su adhesión libre, no pueden permitirse que éstos se hastíen de la institucionalidad democrática.Hay quienes piensan que la brecha entre la política y el hombre de la calle se está ahondando, creando un desánimo en este último, quien de esta manea expresa desconfianza y desinterés por la cosa pública.Lo ideal sería que la indignación y el enojo, y en definitiva el hartazgo -si lo hubiera- se canalicen en el proceso político democrático, a través de una participación activa de aquellos que no están conformes con el estado de cosas.Si bien se piensa, la supervivencia democrática reside en gran medida en no sucumbir al hartazgo.
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