Héroes entrerrianos en el desastre: los bomberos y sus canes que rescataron a cinco sobrevivientes en Venezuela
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Gastón Velázquez y Osiris López, junto a las perras Oma y Roma, formaron parte del equipo que trabajó entre los escombros del centro-norte y noroeste venezolano, tras los dos sismos de magnitudes similares sufridos en un lapso de tiempo extremadamente corto y en ubicaciones muy cercanas. El regreso a casa con el deber cumplido y el dolor de una comunidad devastada.
Mientras el polvo de la catástrofe todavía flotaba en el aire de Venezuela, dos binomios de Bomberos Voluntarios de Gualeguay preparaban sus mochilas con una sola certeza: cada segundo atrapado bajo los escombros es la diferencia entre la vida y la muerte. Gastón Velázquez con la perra Oma, y Osiris López junto a Roma, no dudaron cuando llegó la convocatoria humanitaria. Tras un extenuante viaje de tres días por tierra y aire que incluyó el cruce fronterizo por Cúcuta que conecta Colombia con suelo venezolano, los rescatistas entrerrianos se convirtieron en piezas clave de una misión internacional: lograron el milagro de salvar cinco vidas y la dolorosa pero necesaria tarea de recuperar 43 cuerpos.
Todo comenzó hace nueve años, en el inicio de la formación del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Gualeguay. Durante todo un año, Velázquez y Osiris se formaron como guías de perros de rescate en la Asociación Civil Escuela Canina de Catástrofe (Acecc).
A partir de esa capacitación, empezaron a entrenar a Oma, una ovejera de casi 8 años, y después, a Roma, de 5 años. Y, aunque participaron en otros escenarios adversos como las inundaciones en Bahía Blanca, en Venezuela fue la primera vez que trabajaron en un lugar atravesado por la fuerza destructiva de dos terremotos.
“Junto con Roma, que es mi can, hacemos búsquedas de restos humanos. Y mi compañero, Osiris, trabaja con Oma, que busca personas con vida. En este caso, fuimos convocados por Acecc, que es la asociación civil a la cual nosotros pertenecemos como equipo de búsqueda, y donde entrenamos nuestros perros. Ellos fueron los convocados a trabajar en Venezuela, y es a través suyo que nos sumamos al equipo”, contó Gastón Velázquez.
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Los dos binomios, Gastón con Roma y Osiris con Oma, fueron notificados de la posibilidad de viajar a Venezuela el viernes 25 de junio, veinticuatro horas después de la catástrofe natural. Ese mismo día, viajaron a Buenos Aires para unirse al equipo de rescate de Accec mientras aguardaban la finalización de los trámites administrativos para viajar.
“El sábado nos trasladamos a Venezuela por aviones comerciales, ya que los únicos aviones que está recibiendo el aeropuerto local son militares y no podíamos esperar. Hicimos dos escalas dentro en territorio colombiano (Medellín y Cútuta) y desde ahí, entramos por vía terrestre hasta Caracas, en un micro que nos consiguieron los bomberos venezolanos. Tuvimos 15 horas de viaje terrestre, atravesamos prácticamente el país. Una vez en la capital, que fue el primer punto donde nos juntamos con los bomberos de allá para iniciar las búsquedas, nos asignaron las zonas”, relató Velázquez.
Tras casi tres días de viaje, hicieron base en La Guayra, lugar en el que trabajaron hasta el sábado 4 de julio: “Los bomberos venezolanos nos indicaban la zona para trabajar y ahí íbamos con los canes. Nuestro trabajo consistía en la búsqueda de las víctimas, vivas o fallecidas, y tratar de marcar el punto más exacto para que los rescatistas hicieran la extracción. Tratábamos de evitar las horas después del mediodía, que eran los momentos de más calor para cuidar a las perras, así que comenzábamos temprano y después volvíamos a arrancar al atardecer hasta la madrugada. El tiempo de descanso era poco y el trabajo de las perras era mucho, así que intentábamos intercalar descanso y trabajo, para mantenerlas bien hidratadas”, manifestó López y agregó: “Todos coincidimos en que nos sorprendía la magnitud del desastre, si bien sabíamos a lo que íbamos a encontrar, estar en el lugar te llama la atención por la grandeza del desastre provocado por el terremoto”.
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Algunos miembros del equipo de búsqueda del que formaban parte tenían experiencia en sismos, pero reconocían que nunca habían visto algo igual. “Fue bastante impactante ver la destrucción que había”, resaltó López.
Como parte del trabajo, los gualeyos debían llegar lo más cerca posible del punto en que se encontraban las personas vivas, o los restos, para poder indicar con la mayor precisión al grupo de rescate: “En algunos casos, pudimos tener contacto con las víctimas, no visual, pero sí escuchábamos golpes y nos fueron respondiendo. Pero una vez que señalábamos el lugar, se hacían cargo los rescatistas y nosotros nos trasladábamos para otro punto de búsqueda”, aclaró Velázquez y contó que, además de la inmensidad de la catástrofe, los que más los atravesó fue el abandono en el que se encontraban las familias: “Muchas acampaban en las puertas de los edificios, esperando tener una respuesta de si el familiar que estaba dentro, todavía seguía con vida. Había personas que ya estaban resignadas a encontrar un cuerpo, entonces nos pedían que intentáramos localizarlos para que ellos pudieran cerrar el duelo. Eso es lo que nos hacía todo más chocante, porque estaban solos, no había apoyo de psicólogos. Era un padre que te decía ´tengo a mi esposa y a mis hijos en ese edificio’, eran historias que se repetían en todos los edificios en los que estábamos trabajando. Y por más que uno esté preparado para este tipo de trabajos, te termina afectando también. Por suerte, siempre tuvimos a disposición profesionales de la salud mental, allá y acá”. Y destacó: “Sabemos que todo este proceso que tiene por delante el país es enorme, que han recibido mucha ayuda, pero queda mucho trabajo para hacer, para acompañar a las familias, que siguen esperando respuestas sobre parientes, para reconstruir kilómetros de una zona costera donde no quedaron prácticamente edificios habitables. Y es ahí donde la comunidad internacional tiene que estar muy atenta y acompañar al pueblo venezolano”.
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Dentro de la tragedia, ambos bomberos reconocieron que la experiencia les confirmó que “el entrenamiento, el esfuerzo, y la inversión que hizo el cuartel no fue en vano, que el día que nos pusieron a prueba, estuvimos a la altura, que pudimos dar una respuesta profesional. Nos incentiva a seguir trabajando en esto. Las inversiones que hacen las instituciones no van a la basura, sino que cuando el ciudadano lo necesita, se le puede dar una respuesta. Tenemos que seguir sumando canes, personal y capacitación, que es lo más importante”.
K-9 Gualeguay, pioneros de la provincia
La Asociación K-9 del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Gualeguay es la única y la primera de Entre Ríos que tiene personería jurídica y entrena a perros para búsqueda y rescate.
Desde los tres meses de vida de los cachorros comienzan a entrenar con ellos. Oma de 7 años y medio y Roma de 5 años son los únicos canes operativos del cuartel, y hay otros tres en formación.
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“La especialidad de Oma es encontrar personas con vida, es una ovejera, y Roma, una Golden, busca restos humanos. Cada perro vive con su guía, nosotros las criamos desde cachorras, empezamos a entrenar con ellas. En la vida cotidiana, tenemos diariamente entre 20 y 30 minutos de entrenamiento, mientras que los fines de semana es más prolongado, donde practicamos lo que es el trabajo de búsqueda. La formación la hacemos en Gualeguay y una o dos veces al mes, viajamos a la escuela en Buenos Aires a hacer algún trabajo más específico o a corregir algunas cosas”, contó Velázquez.

